Los desposeídos - Ursula K. Le Guin

Hace doscientos años el planeta Urras vivió una revuelta anarquista, y ahora Anarres, su luna, está poblada por los descendientes de los revolucionarios. Urras es un lugar rico en recursos dividido en naciones: las dos más importantes son A-Io, en donde viven bajo principios de competitividad e individualismo, y Thu, donde viven en una dictadura comunista. Anarres es un lugar duro y pobre en el que viven bajo ideas de distribución justa de la riqueza y anarcosindicalismo.


Estructura y argumento

En general, los capítulos pares de Los desposeídos son cronológicamente anteriores a los impares y narran los problemas del protagonista, Shevek, para llevar a cabo sus investigaciones en Anarres. Los impares se centran en su estancia e investigación en Urras. No obstante, tanto el primero como el último se ambientan en ambos escenarios a la vez.

En Anarres, un mundo hostil y pobre, las necesidades lo rigen todo. Aunque la gente se educa en principios de absoluta libertad, anteponen sociedad a individuo; y ahora, en mitad de una durísima sequía, la necesidad general prima más que nunca. Shevek, embarcado en unos estudios completamente teóricos sin aplicación práctica directa (sobre todo dentro de la limitada capacidad productiva de Anarres), ve que, entre las necesidades de la sociedad y su envidioso jefe de departamento, nunca podrá culminar su investigación.

En Urras Shevek es capaz de desarrollar sus investigaciones, y aunque en principio le parece que la sociedad de A-Io ofrece enormes posibilidades a la ciencia, pronto descubrirá que en un mundo capitalista nadie da duros a cuatro pesetas. Y su creciente simpatía con las clases desfavorecidas solo hará que todo vaya de mal en peor.

Los mundos de Shevek

Shevek es un físico teórico cuyos estudios se centran en la comprensión del tiempo. Sus ideas, muy bien valoradas en Urras, llevan a pensar que se podría construir un ansible, un dispositivo de comunicación instantáneo que acabaría con la problemática de la transmisión de información entre sistemas lejanos.

Ursula K. Le Guin
De Gorthian - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=31670340

A través de los ojos de Shevek, Ursula K. Le Guin explora las sociedades de Urras y Anarres y nos describe sus puntos fuertes y débiles. Aunque la visión siempre está algo sesgada por el personaje, su evolución a lo largo de los capítulos ofrece una panorámica bastante completa de ambas formas de entender el mundo. Ciencia, sociedad, economía, familia, sexualidad, deber, ley, filosofía, lenguaje… Nada escapa a la atenta mirada de Shevek.

Gracias a este contraste, a ese científico meticuloso y vivo que sirve de cámara y filtro, las distintas aproximaciones socioeconómicas parecen seres vivos. Le Guin, aunque trata temas similares, no incurre en la vana propaganda de Ayn Rand en La rebelión de Atlas.

La magia está en los detalles

La autora no se explaya en el funcionamiento de sus añadidos científicos, tan solo ofrece lo imprescindible para el desarrollo de la historia; pero en cambio detalla otros aspectos que mucha ciencia ficción más dura suele olvidar.

El retrato de esa Anarres anarquista pero no del todo, una especie de aproximación realista con sus errores, sus inquinas y sus pequeñas miserias, es realmente estupendo. Parte de unas hipótesis pero se desarrolla con fallos, entorpecida y desviada por la burocracia y la centralización, resultando muy creíble. No obstante, la anarquía de Anarres sirve para enfocar la libertad desde todas sus facetas: Shevek pone a prueba la libertad de ambos sistemas y explora constantemente en busca de sus límites.

En ese sentido, es interesante lo igualitaria que es la sociedad anarriana. Los machos y hembras anarrianos tienen los mismos derechos, aptitudes y consideración, y sucede lo mismo con sus preferencias sexuales o el estado de sus relaciones. Nada de eso les afecta de cara a la sociedad. Las relaciones son un poco peculiares, debido a la dureza de la vida en el satélite y, supongo, a las limitaciones del právico, la lengua de Anarres; pero parecen coherentes con la forma de pensar que lo rige todo.

Precisamente, el tratamiento que la autora hace del právico y de cómo los idiomas condicionan la interpretación de la realidad, algo que Le Guin explota a menudo en sus obras de ciencia ficción, es impecable. En Los desposeídos, los anarquistas crearon un idioma artificial omitiendo los conceptos en los que no creen, como la posesión. Así, su lengua carece de estructuras posesivas y los niños de Anarres se crían sin un vocabulario con que expresar ese concepto, por lo que crecen sin la idea en sí. Según el ejemplo que recoge Wikipedia, que juraría que es el que se da en la novela: «los niños aprenden a hablar del pañuelo “que yo uso” en vez de “mi” pañuelo, pañuelo que “comparto contigo” en vez de “prestártelo”,… siendo la idea que las personas llevan y utilizan cosas en vez de poseerlas)».

Conclusión

Los desposeídos es una obra cargada de interés e ideas, con un retrato social meticuloso puesto a examen y con unos personajes inmensamente trabajados, complejos y profundos. Es un primer acercamiento excelente al universo de ciencia ficción de Le Guin y un must read en toda regla.

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