Westworld (Temporada 2) - Lisa Joy y Jonathan Nolan

Recuerdo que, como parte de mis halagos a la primera temporada, en su momento hice muchas alabanzas a la puesta en escena, el reparto, la música y las ideas de Westworld. No obstante, lo que más destaqué fue que los personajes eran complejos, tenían fuerza y, sobre todo, que estaban esbozados con una sensibilidad que emocionaba a los espectadores, que cuando Dolores sufría, sufrías con ella; y que eso era lo mejor que se le podía pedir a la serie. La nueva temporada me ha gustado mucho, pero no he conseguido vivirla del mismo modo.


Vive la Révolution!

Hace dos años Westworld nos dejaba con unos anfitriones que parecían desafiar su programación, aunque fuese imposible descartar que el código no fuese distinto de como se nos había hecho pensar. Hasta tal punto era discutible que los showrunner aclararon en una entrevista que Maeve había decidido por sí misma en The Bicameral Mind, aunque el paso a cámara en mano era bastante ilustrativo. Se constataba así que los anfitriones podían alcanzar el libre albedrío de algún modo.

La segunda temporada prometía ir sobre la revuelta en el interior del parque con temática del lejano oeste que da nombre a la serie, aunque unos nuevos anfitriones con pinta de samuráis insinuaban algún giro. A lo largo de esta segunda temporada hemos podido ver ese parque con temática del japón del shogunato Tokugawa y otro con temática india, pero el eje de todo fue, como cabía esperar, la revolución liderada por Maeve y Dolores, cada una a su manera.

Las formas de la insurrección

Maeve (Thandie Newton) y Dolores (Evan Rachel Wood) ya habían sido de los mejores y más queridos personajes de la primera temporada. Dos mujeres casi opuestas en todo, lo que permitía que sus escasos parecidos destacasen, que tenían objetivos similares para el futuro próximo.

Maeve y Lee. Un extraño tándem.
© HBO

Maeve, madame del saloon Mariposa, es astuta, carismática y manipuladora. Fue la primera anfitriona en reaccionar, en cuestionarlo todo, y ahora está dispuesta a hacer cuanto sea necesario para salvar a la que fue su hija en una línea argumental anterior. Es su propósito fundamental. Es su decisión.

Dolores, que fue presentada en una narrativa en la cual es la sencilla hija de un granjero y una niña buena por definición, evoluciona de otra forma. Desde nuestra perspectiva como espectadores, el cuestionamiento de la realidad siempre la ha rondado (es el anfitrión de su padre el primero al que vemos lidiar con ese problema, hemos oído con ella la voz de Arnold…), y, ahora que ha despertado, parece sentir una furia especial contra su rol de «damisela en apuros». Aunque en un principio parece que Maeve podría ser más proclive a la venganza sangrienta e imparable, lo cierto es que, pese a que ambas han sido engañadas en esa realidad artificial, Dolores tiene más de qué vengarse. Maeve quiere salvar a su hija, Dolores quiere sangre.

Poco queda ya de la desvalida hija del granjero. Ojito con ella.
© HBO

Todo esto sin meternos en la línea argumental Wyatt y el Laberinto, motivos importantes mencionados en la primera temporada cuya relevancia es parte intrínseca de esta segunda entrega.

Tenemos así a unos personajes con ganas de vengarse, que recuerdan cada vez más de sus vidas pasadas, que llevan siendo engañados durante décadas, que ya no acatan las órdenes del personal del parque y que han sido diseñados para durar y sufrir la menor cantidad de daño posible. Unos rivales terroríficos.

Bernard

Dejando a un lado todo esa sangrienta venganza, si hay un personaje que realmente haya ganado enteros, siendo ya un personaje importante y querido, es Bernard (Jeffrey Wright). Para mi sorpresa, vi muchas quejas en redes sociales y blogs sobre lo poco que entendía Bernard, cuando toda la temporada se basa en una serie de líneas temporales (claras para nosotros, pero tiempos distintos para los personajes). Fuera de la ficción tenemos una visión bastante clara de lo que está pasando, pero es realmente increíble cómo Bernard empieza a entender las cosas, cómo empieza a ver el bosque que es Westworld en lugar de los árboles como objetos individuales.

Bernard. Demasiada información y demasiados huecos.
© HBO

Esa transición le cuesta, pero no porque tenga un problema de entendimiento personal, sino porque es una rotura con todo lo que sabe y todo lo que parece racional. Bernard solo sabe que no sabe nada, que no logra entenderlo; pero es un conocimiento mucho más abstracto, exigente y profundo del que tienen el resto de personajes del parque, quizá con excepción de Maeve y, a su modo, de Akecheta, quienes también consiguieron atisbar retazos de la visión global.

Bigger Data

El parque Westworld debe haber costado una cantidad de dinero inmensa, inabarcable. En un momento en que la GDPR ha puesto en tela de juicio lo que muchas empresas gigantescas hacen con los datos de sus usuarios, uno de los principales arcos narrativos de los humanos está de rabiosa actualidad. ¿Qué datos se toman de los visitantes y su experiencia en el parque? ¿Qué pasa con toda la información que recopilan? ¿Cómo se planea el futuro del parque?

Es un tema que lleva tiempo en boga, pero la temporada se ha estrenado en el mejor momento posible, con todos esos correos exigiendo nuestra autorización para seguir utilizando unos datos que, en la mayor parte de los casos, se habían dado un poco alocadamente. Lo más curioso, tal vez, es que en aquellos servicios que nos resultan interesantes de verdad, la autorización ha vuelto a ser un poco alocada. ¿Acaso sirven de algo los acuerdos de uso kilométricos y, a menudo, en lenguaje legal? Quizá en Westworld había algo similar y tenían una casillita de «Acepto y confirmo que he leído el mamotreto de condiciones».

A tu salud, Delos. ¡Por la fidelidad!
© HBO

Los guionistas han conseguido sacar oro de todo eso y nos han ofrecido una visión un poco oscura de los intereses que subyacen bajo la entretenida ficción del parque. La tercera temporada promete muchos cambios, pero gran parte del meollo vendrá, probablemente, de aquí. Es una idea demasiado potente, polémica y actual como para abandonarla.

Misticismo cifi y líneas temporales

Westworld ya tenía sus cosas místicas, una extraña mezcla de fe y software; aunque en esta temporada han sido más explícitos con ello, así como con las líneas temporales. Eliminado el factor sorpresa de los episodios de 2016, no hubo ningún esfuerzo por camuflar los distintos periodos en que discurrían los nuevos capítulos, y tan solo acontecimientos muy puntuales nos hacían preguntarnos si iban justo antes o justo después de otros.

Quizá Westworld fue realmente liosa y difícil de entender en sus primeros compases, pero esta segunda temporada ha sido mucho más clara. Tramposilla en su forma, pero con un fondo obvio y un camino sin grandes desvíos. Tanto es así que su tramo final, dejando a un lado las acciones individuales, es más bien predecible.

Los pequeños problemas y Kiksuya

Decía al principio que no había visto la emotividad de los primeros diez episodios y casi todo lo que he dicho en esta reseña es positivo. Es verdad. La segunda temporada de Westworld es muy fiel a la primera en sus ideas y en sus formas y me parecería muy extraño que os gustase una y no la otra, aunque parece que esto le pasa a mucha gente. Esnobismo, probablemente, ganas de diferenciarse del vulgo, tal vez.

Akecheta.
© HBO
No obstante, eché en falta la sensibilidad con que se construían los personajes y que me hacía empatizar tanto con ellos. Hay mucho más ritmo en estos nuevos episodios, más acción… pero me faltaba aquella proximidad que tanto me había gustado. Algo que corrigieron de un volantazo en el octavo episodio, Kiksuya.


En general, cuando una serie dedica un capítulo casi entero a un flashback, no sale muy bien. Como espectadores queremos seguir adelante y es difícil que los recuerdos lo permitan o que consideremos claro y necesario la muestra de la rememorización para entender el presente, que lo consideremos una mejora.

La nación fantasma. Esta imagen, curiosamente, es del tercer episodio y no de Kiksuya.
© HBO

Kiksuya, octavo episodio de esta segunda temporada, es un capítulo dedicado casi íntegramente a Akecheta, un nativo americano al que hemos visto desde casi el principio de la serie, pero del que no sabemos nada. En este capítulo se tratan los principales temas de la serie (la libertad, la condición de anfitrión, la memoria…) y se vuelve a escribir a un personaje con una cercanía y una calidez que arrastra, que nos hace sentir y querer saber más. Akecheta, fantásticamente interpretado por Zahn McClarnon, que suena ya incluso para los Emmy (sería la primera nominación a un nativo americano de la historia de estos premios), ha pasado de ser un desconocido de aspecto imponente, a ser un personaje complejo, profundo y comprensible en sus motivaciones. Ha pasado a estar completo en un solo episodio. Probablemente, en uno de los mejor estructurados y realizados de toda la serie.

Producción y reparto

El aspecto de Westworld sigue siendo muy lujoso: el vestuario, las localizaciones, las escenas de acción, los juegos de iluminación con todo tipo de contraluces y sombras… Todo luce mucho, lo que junto con la fantástica banda sonora de Ramin Djawadi, que enfatiza y da color a muchos aspectos de la serie, hace que la presentación de los capítulos sea impresionante.

El hombre de negro. Todo carisma y falta de escrúpulos.
© HBO

Además, claro, tenemos a ese magnífico reparto liderado por un grupo de actores estupendos, como Evan Rachel Wood, Thandie Newton y Jeffrey Wright, que contó desde el principio con unos apoyos de lujo como Ed Harris, casi protagonista, y Anthony Hopkins, más secundario, aunque con unas cuantas secuencias para exhibir su talento.

Conclusión

Westworld ha vuelto con sus pros y sus contras en una temporada que, quizá sin todo el sentimiento de la anterior, ha vuelto a transitar sus esquemas e ideas, muy preocupada de ser fiel a sí misma. Lo que es gracioso, contando que la fidelidad es uno de los grandes motivos del parque. Me emociona pensar que sea intencionado.

Ford.
© HBO

Ahora toca contener las ganas hasta la tercera temporada, que parece ser que no llegará antes de 2020.

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