Godless - Scott Frank

Esta fue una de las series que se estrenaban en 2017 a la que más ganas le tenía. La premisa, lo que se podía ver de la puesta en escena y la, en general, buena factura de Netflix me parecían muy tentadoras; pero Godless llegó a finales de noviembre y, con muchos deberes seriéfilos pendientes, no encontré el momento de ponerme con ella hasta un par de meses después.

Las mujeres de La Belle

Frank Griffin (Jeff Daniels) es un sanguinario forajido que acaba de perder un brazo frente a su antiguo pupilo, Roy Goode (Jack O’Connell), al que considera un hijo. Este, huyendo, llega al rancho de Alice Fletcher (Michelle Dockery) en las afueras de La Belle; pero sabe que Griffin no cejará hasta encontrarlo.


Roy (Jack O'Connell) y Alice (Michelle Dockery).
Photo by Ursula Coyote/Netflix

La Belle es un pueblo construido a raíz de una explotación minera cercana que, tras un accidente en la mina que acabó con casi todos los hombres del pueblo, empezó a ser dirigido por las viudas. Ahora, con un renovado interés empresarial, llegan los representantes de la Quicksilver Mining Company para negociar con ellas.

El bueno, el guapo y el malo.

Godless, pese a lo que pueda parecer por cómo se anunció y por los valores que destacaron de ella en prensa, es una historia centrada en la batalla que enfrenta al despiadado y abyecto forajido Frank con el rebelde, pero ahora bien intencionado, Roy Goode y con el sheriff de La Belle, Bill McNue (Scoot McNairy), un antaño brillante pistolero.

Bill (Scoot McNairy)
Photo by Ursula Coyote/Netflix


La historia principal no es demasiado innovadora, recurre a fórmulas mil veces pisadas y que sabe que funcionan. A lo largo de siete horas y media de calmada exposición, en la que se detallan las pulidas facetas de este trío y de algún personaje más, como Alice y Mary Agnes (Merritt Wever), nos encontramos con viejos conocidos del cine del oeste: paisajes llenos de fuerza, el humo y las cenizas de los pueblos incendiados, el retumbar de los cascos de los caballos, tiroteos y lo que, a falta de un término mejor, podríamos llamar «miraditas de vaquero». Todo funciona, pero nada sabe a nuevo, nada tiene el olor de la sorpresa ni, mucho menos, el asombro.

Ritmo y aspectos técnicos

Que más de la mitad de los episodios excedan los 70 minutos es una jugada arriesgada. La mayor parte de ellos, pese a cuidar los diálogos, la puesta en escena, los paisajes, la fotografía y el montaje; se hacen largos. Pero largos largos.

Frank (Jeff Daniels)
Photo by Ursula Coyote/Netflix

La serie, escrita por Scott Frank (nominado dos veces al Oscar por los guiones de Un romance muy peligroso y Logan), se toma toda la calma del mundo y a veces consigue explotar ese tiempo para profundizar en los personajes, para dejar que reposemos la vista sobre las llanuras o para llevarnos de la mano a través de la cortina de humo y cenizas de los edificios en llamas. Pero, como sucede a menudo con el grupo de la Quicksilver Mining Company, a veces los capítulos parecen dar vueltas innecesarias a unas ideas sin la entidad suficiente para sustentar el metraje que ocupan, o desaprovechan los personajes y situaciones que usan. El final, previsible hasta las trancas, aunque no por ello malo, parece posponerse inútilmente gran parte de la serie, lo que ahoga gran parte de la tensión que podría generar.

Welcome to no man’s land

Comenté esto en twitter después de ver el primer episodio, pero me reafirmo tras haber terminado la serie. Anunciar Godless con ese lema es, como mínimo, curioso. Pero el resto de la campaña publicitaria, que destacaba que nos encontrábamos ante un western feminista y empoderante, es casi una burla al espectador.

Cartel promocional.

En principio, ese pueblo casi sin hombres debería ser el medio de cultivo perfecto para escribir una serie con un montón de personajes femeninos potentes, pero la verdad es que hay pocas mujeres que podamos decir que son importantes. Hay muchas mujeres, sí, pero la mayor parte van a la deriva según la historia las necesite hasta la evidente escena final, en la que la mayor parte de ellas siguen sin hacer gran cosa.

Había leído que esto mejoraba con el paso de los capítulos y que las mujeres eran el verdadero protagonista de Godless, porque era de las que dependía todo; pero creo que manejamos conceptos distintos de lo que significa ser protagonista. El protagonista de Teléfono rojo no es la bomba, de la que depende todo; y el de Godless no son las mujeres.
Mary Agnes (Merrit Wever) y Alice (Michelle Dockery)
Photo by James Minchin/Netflix

Hay alguna mujer protagonista, como Alice y Mary Agnes, y alguna otra tiene momentos de cierto protagonismo, como Iyovi, Louise, Martha, Sarah o Charlotte; pero la trama principal es el duelo entre dos hombres, Frank y Roy; y las subtramas más tensas para el pueblo las llevan el sheriff y Ed Logan (Kim Coates). Godless es una serie cuyas líneas maestras conservarían casi todo el sentido eliminado a la mayor parte de las mujeres y que, en cambio, se resentirían quitando a casi cualquiera de sus hombres. Creo que vender la serie como un western feminista y empoderante fue publicidad engañosa, aunque, desde luego, los medios no parecen pensar lo mismo.

Conclusión

Godless es una serie con un aspecto impecable, fiel a fórmulas bien conocidas del western y poblada por unos cuantos personajes interesantes y bien pulidos; pero también tiene personajes que aportan poco y alguno que no aporta nada, y algunas líneas que parece que solo rellenan metraje.

En general es una buena serie; pero deja la sensación de que debería ser mejor. Encima, si os acercáis a ella por su campaña sobre un western feminista y empoderante, puede que os llevéis un chasco de narices. Godless es buena serie, sí, pero no es la serie que nos vendieron.

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