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jueves, 29 de octubre de 2009

Inocentes - NSR

Inocentes es un juego de rol sobre el terror y la locura. A lo Cthulhu (chulu) vaya. En Inocentes, los jugadores, que son llamados niños, interpretan a un tierno infante azotado por las pesadillas y los temores típicos de su edad: monstruos del saco, del armario, cocos y demás familia. Así que sí, no hay primigenios, ni ángeles sin rostro (a priori, ya que nada te impide meterlos, evidentemente).


Inocentes tiene un sistema de juego bastante original (al menos dentro de lo que yo he visto en juegos de rol) y terriblemente sencillo. Tiene pinta de ser un juego rápido, simple y, diga lo que diga el manual, divertido. El manual, en un tono muy de película de Burton, dice que no hay que pasarlo bien, que hay que pasarlo mal y tener miedo. Personalmente creo que hay que pasarlo bien siempre que se pueda, desde el miedo o desde lo que sea; pero si un juego me hiciese sentir mal, lo mandaría a la mierda (¿a que sí, Doom 3? ^^).


Como rasgos peculiares tenemos:

a) los jugadores narran qué les sucede. Esto va contra la costumbre de "los jugadores hacen cosas, el maestro (que es como llaman al master, narrador o director de juego en Inocentes) relata lo sucedido". No sé qué tal funcionará esto, ya comentaré tras probar una o dos partidas.
b) no hay tiradas. Vade retro, diréis algunos y no sin razón. Me gusta el toque aleatorio que dan las tiradas y sé que en este juego lo echaré de menos. En este juego, la mecánica básica se basa en tabas (contadores de colores, vaya; pero tabas quedaba muy morboso con los pobres cabritillos muertos y tal) y unas acciones requieren que se inviertan unos u otros. Con lo que va disminuyendo la cantidad y tenemos que ir vigilando nuestras acciones. Inocentes premia, mecánicamente, hacer lo que puedes hacer, aceptar los propios límites del personaje. Cabe decir que, al menos en principio, me da la sensación de que hace que muchos jugadores se piensen mejor las cosas y arriesguen menos. Punto para el sistema, aunque sea fan de los dados.


La ficha es sencillamente encantadora, con ese toque tan de niño pequeño que lo cubre todo.


La lectura del manual es bastante entretenida, salpicada de cuentos de terror de corte infantil (casas encantadas, brujas y gigantes tontos), con ejemplos narrativos de casi todo lo que se habla en el manual (como hacen en Mundo de Tinieblas, más o menos) y con constantes referencias a cómo ven los niños el mundo y cómo lo ven los mayores.


En cuanto a la edición, nos encontramos con un libro de tapa blanca, de 112 páginas en blanco y negro por 16,95 €. Nada sorprendente en España, desde luego, donde tenemos unos precios bastante caros en este tipo de material. La letra es grande y cómoda de leer y se dispone en doble columna alternada con dibujos muy deformes e inquietantes que captan muy bien el sentimiento a transmitir, a pesar de lo poco firme del trazo. Todo esto encasillado en unos márgenes en los que se retuercen unos gusanos a rayas.



Puntos en contra: el libro podía estar mejor redactado. Bastantes errores gramaticales como la no correspondencia de géneros o números entre sustantivos y adjetivos y alguna que otra falta de ortografía grave, como "ha" de haber, sin hache.