Merlí (Temporada 3) - Héctor Lozano

La tercera temporada de Merlí abarca las clases de segundo de bachiller desde las vacaciones de Navidad y presenta la recta final hacia la Selectividad de los alumnos del Ángel Guimerá.

Silvana, la profe nueva.

En esta tanda de episodios, igual que en la anterior, se presentan algunas caras nuevas, como la de Gabi (Pau Vinyals) y Silvana (Carlota Olcina), dos profesores jóvenes y «frescos» que cargarán con gran parte del peso de las relaciones entre los personajes que ya conocemos. Silvana es una profesora con una metodología muy moderna que se gana al instante el aprecio de los alumnos y de Merlí, aunque este pronto se da cuenta de que el cariño de los alumnos es un bien finito y que ahora debe compartirlo… lo que hará que pronto surjan el roce y los celos. Gabi es un personaje extravagante e impredecible y ofrece alguno de los momentos más divertidos de la temporada y, quizá, de la serie.

La dualidad de Merlí, de la que ya hemos hablado otras veces, queda más patente que nunca. Por un lado lo conocemos muy bien y sabemos de sus ganas de dar a sus alumnos la mejor preparación y de cómo se implica en sus problemas; pero por otro vemos su cara más amarga agudizada por los celos. Aunque la idea no es mala, se desarrolla de forma muy exagerada y carente de interés.

Algunos se pasan toda la temporada siendo muy muy cansinos, la verdad. Y no miro para nadie, Joan. Este y Gerard, ¡menudo par!

Más allá de que gran parte de las relaciones entre personajes y de los problemas que los acucian se vean de pronto forzados por un considerable (y feo) acelerón, el verdadero desastre es que se desaprovecha el cariño de los espectadores que con tanto cuidado se labró desde el principio de la serie. Muchos personajes están verdaderamente insoportables en los extremos que alcanzan en esta última temporada (entre ellos el propio Merlí, pero también Joan, Pol y Gerard, por ejemplo). Además, el previsible y formulaico final al que todo parece dirigirse desde hace mucho no ayuda a dejar mejor sabor de boca.


Me quedo con la sensación de que Merlí es una serie escrita más con el corazón que con la cabeza. Es fácil encariñarse con los personajes en la primera temporada y es muy agradable su tono inclusivo y respetuoso; pero a veces se echa en falta una mejor gestión de las pequeñas miserias humanas a las que somete a sus personajes. De todos modos, la serie se ve con gracia e incluso en su peor temporada nos deja algún momento estupendo como el capítulo Heidegger. La echaré de menos pese a todos sus problemas y su decepcionante final. Adéu, Merlí!

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