Google+

martes, 2 de junio de 2009

Tiempo de odio - Andrezj Sapkowski

La cuarta novela de Geralt continúa la historia del brujo de pelo blanco y la leoncilla de Cintra.

Tiempo de odio continúa perfectamente lo acontecido en La sangre de los elfos y lo lleva todo un poco más allá. Las conspiraciones se vuelven más enrevesadas, los destinos de los personajes se ven más negros, la intransigencia interespecífica se acentúa. Todo se recrudece como ha venido haciendo libro por libro.

Posibles spoilers, pero sin recreación: en este ambiente de intereses cruzados, el neutral protagonista continúa su defensa de Ciri, medio en la sombra, mientras de esta nos enseñan como mejora su relación con Yennefer, la ex de Geralt, con lo que quedan configurados como la típica familia separada, un poco atormentada, pero con sentimientos claros de fondo. Mientras los correos de los reyes cabalgan de un lado para otro, mientras los magos se preparan para confabular y el Ehmyr parece esperar pacientemente, Ciri huye a buscar a Geralt antes de ingresar en la escuela de hechiceros de Aretusa. Esto motivará el reencuentro de Geralt y Yennefer, quienes volverán a mantener su tortuosa relación llegando, incluso, a asistir juntos a la reunión hechiceril donde Geralt tendrá una conversación más que interesante con el megalómano Vilgefortz (un hechicero que mola, cosa rara) y luego, a partir de ahí... el caos. Traiciones que se despiertan, hostias de un lado, hostias de otro; la magia del fuego, más hostias de un lado y de otro, los Ratas y más hostias.

La profundización en la política y en el mundo de los hechiceros y la magia en general le dan a este libro la profundidad necesaria para avanzar la trama. Los nuevos personajes como los Ratas o los abogados le dan un toque nuevo y fresco a la historia. La repetición de frases que llevamos cuatro libros encontrándonos hacen que el lector se sienta incluido en ese mundo en el que todo transcurre. Innegablemente, Sapkowski hizo un buen trabajo con esta serie y ahora, entre las páginas de Buenos Presagios, me pregunto por cómo seguirán los pasos del albino.