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viernes, 30 de enero de 2009

La vida es así, más o menos...

Él era un Adenilciclasa muy guapo y apuesto que se paseaba tranquilo y galante por el barrio del citosol, el más grande de su ciudad, cerca del extrarradio. Fue allí donde la encontró, una Gα triste y solitaria. «¿Qué te pasa, guapa? ¿Qué haces sola por un barrio tan apartado y peligroso como este?». Valiente mentiroso. Ésta era, concretamente, su estrategia habitual, pasea por el extrarradio donde alguna G de gilipollas se encariñaba con un Adrenalina malote o un Glucagón pasado de rosca, y luego, cuando esos despojos sociales rompían el corazón de G en mil pedazos, se encontraban con el más jugoso de los pedazos y se aprovechaba de la situación. De esta unión, tan ruín e indigna, nacían los pobres AMPc, cuyos padres rechazaban desde el más tierno inicio, condenándolos a vagar sin rumbo hasta que encontraban a alguien. Tristemente, muchas de esas veces, su destino final era un PKA.

Los PKA son unos asaltacunas obsesionados con los pobres AMPc recién abandonados, aunque sujetos a las repercusiones sociales que todo esto puede tener, intentan contenerse. El caso es que se encuentran al primer AMPc, y al segundo, y su mundo se trastoca. Y para olvidarse del asunto buscan a alguna proteína madura con la que saciar su ansia. Y la fosforilan. Y luego otra. Y la fosforilan. Y así una y otra vez, entregados al más vicioso desenfreno.

Cuentan que algunas, totalmente enloquecidas por el deseo, se van al centro de la ciudad y allí buscan pobres proteínas CREB y les meten por la fuerza el fósforo. Las CREB, humilladas y avergonzadas, se retirarán a hablar con la secuencia CRE que puede exaltarse o apocarse, pues tan variable es la interpretación de estos innobles actos. Y esto afectará enormemente a la formación o eliminación de los pobres glúcidos, que se han visto implicados sin comerlo ni beberlo.