La quinta novela de la saga de Geralt de Rivia devuelve el protagonismo al brujo albino (gracias a los dioses) y deja de centrarse tanto en Ciri y en la, cada vez más, insoportable Yennefer (en serio, no sé cómo nadie puede soportarla...). El estilo crudo y directo de la saga se mantiene y se hace, tal vez, más patente de lo normal en todas las descripciones de las acciones bélicas, lejos de La Carga de Rohan y otras acciones. Además, como añadidura, en esta entrega se presenta al personaje que más me ha gustado de las cinco que llevamos, el barbero Regis. Sencillamente perfecto. Las sorpresas y la implicación con él son lluvia de verano, al mismo nivel, casi, que la vuelta al protagonismo de Geralt. La historia avanza en dirección Sur, con un Geralt que se repone de lo acontecido en Tiempo del odio en Brokilón, y como, en compañía de Milva y Jaskier parte hacia Nilfgaard a buscar a Ciri. Luego, durante el camino, cuando se van uniendo otros personajes. Personalmente, me pare...