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viernes, 9 de julio de 2010

Años

Y los años pasaron. 10 años. Ishil no fue capaz de volver a concebir, ya tras el primero. Luna tuvo un tercer hijo. Elendir empezó a tomar pociones de brujo, fue el primer elfo sin hijos que probó el tratamiento. Aruala esperó, ya empezaba a ser mayor, había llegado muy joven, pero ahora se le empezaba a notar la edad. Tenía unos treinta años y la cara, aunque hermosa, empezaba a mostrar arrugas a los lados de sus ojos cansados y en su frente. Alai había intentado reconciliarse con ella y aunque malamente, su relación avanzaba. Primero Aruala la había obviado por completo, como si su vieja amante no existiese; luego volvieron a hablar, más como enemigos que otra cosa, con insultos y pullas. No sé por qué Alai siguió insistiendo una y otra vez; día tras día iba hasta el castillo y día tras día salía llorando, iba al río, se enjugaba las lágrimas y cuando al fin se calmaba, volvía a la casa que tenía con Tarik. Al final, bastante tiempo después, volvieron a ser cordiales entre sí, llegando a salir a pasear alguna que otra vez; incluso saliendo de la ciudad en la montaña. Tarik había encontrado una fuente de algún mineral intratable por su tenacidad y dureza, una monstruosa creación de color negro mate. En general, fueron 10 años muy tranquilos.


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Como recordatorio y contexto, que tras un mes y una o dos semanas era ya muy difícil acordarse. Menos mal que lo tenía todo apuntado.