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jueves, 20 de mayo de 2010

Proyecto brujo

La puerta se cerró justo detrás de Alai cuando salió de la Sala del Trono. No tuvo tiempo de reaccionar, un fuerte brazo de piel negra como la noche la empujó contra la pared y notó el frío filo de una daga contra el cuello. La presión le producía unas dolorosas cosquillas y notó como hilillos de sangre le descendían por el cuello y como sus narinas captaban el ferroso olor del fluido de la vida.

El ruido que hizo contra la pared debió de ser considerable, ella casi fue incapaz de percibirlo abotargada por el impacto, pero fue consciente de los apresurados pasos que remontaban las escaleras.
- ¿Por qué lo hiciste? —preguntó Ishil.
- Yo no... qué... ¿de qué?
- ¡Morí por tu culpa! —la voz de Ishil manifestaba un asco completo, acérrimo.
- Suéltala —dijo Tarik que acababa de aparecer, procedente de las escaleras—. ¿No la reconoces, Alai?
La drow soltó a la asustada cottar. A decir verdad, cada día que pasaba, Ishil era menos cottar y menos ella misma. Los cuerpos tienen mucho que decir sobre nuestros comportamientos, con sus regulaciones hormonales, sus rutas y demás: somos lo que nuestros cuerpos quieren de nosotros.
- ¿Debería reconocerla?
- Es Ishil —respondió Tarik.
- ¡Morí por tu culpa! —gruñó Ishil furibunda.
- No, yo no... yo morí delante de tu cadáver, yo no...
- ¡Yo morí por tu culpa, morí porque estropeaste la misión yendo a follarte al drow!

El grito de Ishil pareció latir entre las paredes de la sala, como un corazón preso de ansiedad. Eran latidos pesados y contundentes, resonantes y opresores. Alai había evitado el tema mientras hablaba con Aruala, el grito de Ishil lo había estropeado todo. Su gesto de sorpresa y duda no pasó desapercibido a ojos de Tarik.
- Tranquila —dijo con voz completamente indiferente—, desde la silla en que se sienta Aruala, nuestras mentes son como libros abiertos. Probablemente ya lo supiese.
Pero Alai estaba segura, Aruala había respetado la privacidad de su información. Pero ahora... ahora sabía, de todos modos.

Todavía conmocionada, Alai dudó sobre qué hacer a continuación. Ishil y tarik volvieron abajo, para hablar de sus rituales; y Alai quedó sola, sintiéndose más sola que nunca. Tardó un rato en decidirse y, finalmente, volvió a entrar en la sala del trono. Una Aruala impasible le dirigió una mirada gélida. Alai no sabía muy bien qué decir. Vaciló un instante.
- Fuera —dijo Aruala—, no quiero verte más.
- Aruala, yo...
- ¡Fuera!
- Pero...
- ¡Di mi alma por ti, hostia! ¡¡Fuera de aquí!!

Probablemente fueron las palabras más viscerales que se dijeron en la sala del trono. En este momento aún todos tenían impulsos, sentimientos, celos y sueños. Aún estaba amaneciendo el día.

Alai salió y se alejó del castillo sin dirigirle la palabra a nadie. Ishil no pudo contener una sonrisa feliz y satisfecha cuando la vio alejarse como un alma en pena desolada.
- Creo que no debiste hacer eso —dijo Tarik casi en torno de reprimenda maternal.
- Ella hundió mi vida —respondió Ishil secamente—, y yo acabo de hundir la suya. Como cuando atacamos a los drow, recuerdas; sólo reestablecimos el equilibrio.
Tarik negó con la cabeza sin nada más que añadir.

Cuando acabaron de estudiar patrones ritualísticos, Tarik e Ishil se despidieron, y ésta fue a hablar con Ber. Se saludaron con un beso rápido.
- Ber, estuve pensando que tú ya has ido utilizando las pociones para preparar a las mujeres para el parto y demás; y que ya hay niños que nacieron bajo ese influjo.
- Sí 3 —respondió, como animándola a seguir.
- Y yo tengo anotados varios de los rituales que se le hacen a los brujos jóvenes —Ishil hizo una pausa dramática y sonrió dejando mostrar su brillante dentadura de elfa negra—. Quiero probarlos. En calidad de médico, ¿tienes algo que decir al respecto?
No hubo nada más que decir. En algún momento habría que probar, ¿por qué no ahora?