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sábado, 29 de mayo de 2010

Atracción

Los motores del atractor empezaron a zumbar. El suelo vibraba ligeramente.
- 150 metros —dijo Tim.
Todos observaban las pantallas de los medidores. Una persona, tal vez muerta, abandonada en mitad de la nada era arrastrada por el equipo de atracción bajo una atenta supervisión.
- 125 metros.
La nave no había sido detectada de ninguna manera. Virginia barajaba posibilidades en su cabeza. El capellán mascaba uno de sus preparados.
- 100 metros.
El médico sentía el pecho oprimido por la ansiedad. Aquello no le gustaba una mierda. 4 días en un traje de supervivencia minarían la moral de cualquiera. Si había sobrevivido, estaría loco; si no, estaría muerto.
- 75 metros.
Los Asaltantes estaban todos de pie, pegados unos a otros examinando la pantalla.
- ¿Qué creeis que pasará?
- Que atraeremos un cadáver —respondió Marta.
- Un tío trastornado al que tendrmeos que matar —añadió Roberto—, a riesgo de que nos vuelva locos a todos.
- Tranquilos, tenéis a la mejor tiradora de los Círculos —sonrió Helena.
- El anterior hasta tenía neuroimplantes.
- Los neuroimplantes son para niños —sonrió la Tirador.
- 50 metros.
Italo estaba solo en la cabina, con las piernas alzadas sobre los mandos y con las manos apoyadas en la nuca. Le daba igual cómo estuviese el tipo al que estaban atrayendo, él lo que quería era echar un buen polvo. Con Sara. El resto le importaba más bien poco.
- 25 metros.
Sara estaba tumbada en su cama. Por los altavoces oía el acercamiento, se pasó un dedo por una de las cicatrices, se giró en la cama y recordó la escena. Por enésima vez.
- 10,9, 8, 7...—decía Tim—, entrando.
«Para bien o para mal, ya está aquí», pensó el informático.