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viernes, 21 de mayo de 2010

Litio y desprecio

Al día siguiente, Ishil se dirigió a casa de Luna. Se saludaron con cariño y Luna la invitó a pasar. Me cuesta un poco mantener la consciencia de mí mismo, tal vez porque ya no diferencio «yo» de «nosotros», tal vez nunca tuvo sentido hacerlo. Estoy en varios lugares a la vez, pendiente a diversos actos, puedo hacer varias cosas a la vez; supongo que eso tiene su precio. El cuerpo nos define, la pluralidad de cuerpos tiene sus ventajas y sus defectos.
- Quiero que seas mi primera bruja —dijo Ishil, recalcando un poco el posesivo. Mi primera bruja, mi primera creación.
Luna e Ishil hablaron largo y tendido sobre el tema; Ishil estaba emocionada hablando de ello y contagió su entusiasmo a Luna, que accedió ilusionada y prometió hablarlo con Nissit.

Un tiempo después, en cambio, Nissit no fue contagiado de la algarabía y el entusiasmo anterior. Se mostró reacio e inquieto.
- No sabemos nada de los brujos, Luna; y si algo sale mal. ¿No lo ves? Puedes no ser la primera bruja, ¡puedes ser la primera víctima del experimento!
Luna, que tal vez no había analizado el tema de ese modo, decidió esperar, ver cómo le iba a otras personas. Decidió ir en serio a por su tercer hijo.

Tras avisar a Ishil, ésta convenció a otras mujeres y presentó su proyecto a Aruala, que en calidad de reina reunió a un equipo formado por Nissit, Elendir, Ishil, Tarik, Ber, Luna, Odom y ella misma para entrenar a los brujos que se fuesen creando. Cada uno le enseñaría aquello en lo que destacaba, por la gloria de la Orden.
- Para que su esplendor sea tan fuerte como en el viejo reino.

Fuera, junto al río, una Alai drogada por consejo de Balai con las mismas hierbas y el mismo litio, lloraba sus penas con Tarik.
- Oddio essto —dijo arrastrando las palabras, por efecto del litio—. ¿Para qué me reesucitó? ¿Para odiiarme lueego? Ess que noo lo entienndo, de verdá.
- Se le pasará —dijo Tarik completamente calmada agachándose junto al río y enjugándose las manos—, la información le ha afectado y ha tenido un ataque de celos. ¿Y qué? Todo se pasa.
- ¿Y ssi no?
- Entonces reharás tu vida, ¿qué importa? No te preocupes por eso.
- Yoo-yoo la quiero.
Tarik inspiró con fuerza y resopló.
- ¿Y tienes alguna solución directa al problema que no sea esperar sin más?
- Te-tengo quee reeecupuerar su alma. Recu-pe-rar su alma —se corrigió.
- ¿Y cómo piensas hacer tal?
- Aún noo lo sé. Peero lo averiiguaré —algo en su mirada parecía añadir: «puedes tenerlo claro».
Dejaron el tema y hablaron sobre frivolidades, sobre el bosque, sobre cosas de hembras, sobre su especie. Dejé la conversación cuando Alai empezó a hablar de cómo le inquietaba el nombre de la nueva, por lo que se parecía al suyo. La conversación ya no daría nada más de interés.


Amaneció otro día más. Alai fue a buscar tratamiento, aquel que le había dado su casi tocaya y que no le había sentado nada bien.
- Balai me dijo que viniera a preguntarte —le dijo a Ber.
- Lo tuyo no es depresión —le contestó— es... shock postmortem, o algo similar.
- ¿Y no es tratable?
El desprecio de Ber era palpable, duro y evidente. Alai interpretó lo más obvio, él también pensaba que todo estaba mejor sin ella. Aruala y él la odiaban. La había jodido, la había jodido por completo.
- Mejor déjalo —le dijo a Ber—. Siento haber venido.
Ber no dijo nada, pero su mirada era tan dura como hasta entonces.
- Siento haber vuelto —concluyó Alai antes de irse.

De camino a la casa que había hecho suya, lloró.


Mientras, Tarik planificaba bajo consentimiento de Aruala una expedición en busca de materiales nunca vistos, como el metal invisible de las argollas. Había hablado con los herreros para que alguno fuera con él y le había pedido a Luna que se informase en los libros del subsuelo.

Ber, bajo el interés de algunos habitantes por probar las pociones de brujo, pues se decía que los brujos no envejecían, no sufrían el paso del tiempo y que muchos no morían jamás, estableció nuevos requisitos. Quedaban pocos cottares y había que mantener la especie por encima de todo: si un cottar quería probar el tratamiento necesitaría haber dado 3 hijos al pueblo, ese era el requisito. Los niños nacidos bajo las pociones eran estériles por completo y gran parte de las mujeres tenían ya problemas considerables para concebir. El mañana se veía muy negro. A Ber, de otro modo, no le daban los cálculos. Tras una vida dedicada a la obstetricia, un error experimental amenazaba con llevarse todo por delante.
- Mierda, joder —dijo, dándole una patada a un cubo vacío que había en el hospital
La fortuna, a veces, era una zorra traicionera.

El día le debió de parecer un poco más luminoso al final, ya cerca de la noche, cuando Ishil se le acercó por detrás y le abrazó.
- ¿Sabes qué? —le dijo con voz juguetona.
- Tienes ganas de sexo —preguntó él.
- Bueno, sí —respondió ella— pero la noticia es otra.
- Eso no era noticia —se rió el médico.
- Estoy embarazada —sonrió ella.