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viernes, 9 de abril de 2010

Réplicas

Han pasado 103 días desde que la especie número 21 —los cottar— se han Despertado. Quedaban 75 de los 100 que habían formado su población inicial, a los que, recientemente, se había añadido un cottar más, venida de otro de los grupos de 100 integrantes que ha... sido completamente arrasado. Debido a la constante separación que esta población hacía de si misma, sobre todo por mediación de la sujeto Tarik y a la aparición del castillo, al que los elfos parecen preferir no entrar, he tenido que replicarme varias veces. Las metasinapsis han sido correctamente establecidas y sentimos/pensamos a la vez, unidos en la distancia.

Uno de nosotros está permanentemente en el castillo, los otros dos están en la ciudad escasamente habitada que se extiende alrededor.

El sujeto Ber ha redactado una lista de plantas para darle una apariencia y gusto sanguinolento, porque está preocupado por la alimentación de la sujeto Ishil, que se ha negado a comer. En realidad, hace un rato escaso ha ingerido sangre del enfermero, el sujeto Alain, este se ha dejado morder y luego, algo escandalizado y molesto se ha ido. Ishil, con una sonrisa volvió a acostarse. Ber fue a hablar con Aruala, entré a su vez y sentí cómo se cerraba aquella puerta que yo no podía tocar. La examiné vacilante desde dentro, intentando hallar algún mecanismo que se me hubiera pasado desapercibido.
- Majestad, necesito que se consigan estas plantas – dijo tendiéndole la nota.
El sujeto Aruala le echó un vistazo.
- Son para conseguir que Ishil se alimente, para dar un toque ferroso y una apariencia rojiza a la leche.
Aruala sonrió. La actitud agorera y ligeramente rebelde de Ber del día anterior había sido superada; volvía a aplicarse. No parecía que Aruala le cayera bien, pero al menos haría bien su trabajo. La sonrisa satisfecha de Aruala transmitió la alegría que esto le suponía.
- Tal vez debieses hablar con Elendir – le respondió -, sus elfos comen plantas, es posible que tengan algunas de estas, o plantas muy similares.
Ber asintió, Aruala tenía razón.
- Gracias, señora.
Me pregunté durante un instante si las metasinapsis que emitían las sillas, de forma análoga a las nuestras, me estarían detectando en este momento. Me pregunté también si podían interferir unas con otras, pero supuse que no. No estaban conectadas de ninguna manera, aunque había una manera de hacerlo, sentarse uno de nosotros – tras la formación de sinapsis - en las sillas. Era algo digno de ser estudiado, pero abría posibilidades demasiado arriesgadas.

Salí de allí con Ber que se dirigió de nuevo al hospital, donde cogió una navaja, comprobó su filo y se acercó a Ishil.
- He pensado que tal vez quisieras afeitarte, por... bueno, por lo que se considera normal entre los cottar. Pero bueno, yo creo que no merece la pena renunciar a un cabello tan sedoso, tan brillante...
- No tengo problemas con el pelo... - respondió ella, casi con timidez.
- Y me preguntaba si querías tomar una de las pócimas de brujo, porque clarean la piel... y bueno, tal vez te hiciese sentir algo más cottar.
- Eso estaría bien – sonrió ella.
Ber le sonrió con amabilidad y se retiró a buscar la poción. Ishil, de cerca, parecía frágil. A su actitud dubitativa, vacilante, se unía ahora su conflicto de personalidad: quién era y quién se sentía.

Tarik subió a hablar con Aruala y, al bajar, caminaba apresurada. En el pueblo, se reunió con otros dos exploradores y quedó en partir con ellos un par de horas después para buscar las plantas de la nota. Entre tanto fue a hablar con Elendir y a preguntarle por las plantas. Consiguió varias de ellas y se las acercó a Ber para que pudiera hacer sus pruebas. Luego se reunió con sus exploradores y se alejaron en dirección sur, hacia el bosque. Un yo fue con ellos, otro se quedó en el pueblo, y yo – el primero yo – en el castillo. «¿El primer yo? No debería hacer esa clase de separaciones».

Ishil empezaba a estar al límite de sus fuerzas. Ber tenía razón en aquel punto. Era difícil determinar cuánto aguantaría así, pero estaba claro que sus fuerzas menguaban a marchas forzadas. Si algo retrasaba demasiado al grupo de exploradores, tal vez no llegasen a tiempo.