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viernes, 16 de abril de 2010

Primeros conocidos

- Buenos días —saludó una voz viril, grave y poderosa.
- Buenos sean —contestó Helena dirigiendo la mirada hacia el hombre. Era alto y robusto y tenía el pelo corto y encrespado, de color negro. Su piel curtida cubría unos rasgos duros y cuadrados en la cara, a juego con el cuerpo que se podía adivinar bajo el uniforme de la Milicia.
- Supongo que tú eres la... nueva.
- Supones bien —contestó ella con una sonrisa atractiva y misteriosa, mientras se apartaba un rebelde mechón de pelo de delante de la cara.
Sintió la mirada del hombre, la deseosa mirada apenas controlada. Su sonrisa era, ahora, mucho más sincera.
- Un placer verte —dijo él.
- El placer es mío —respondió ella sin vacilar—. Supongo que habrán leído mi informe,
- Así es —asintió él—. Sabemos... qué la trae aquí.
Helena volvió a permitirse una sonrisa. Una sonrisa divertida y salvaje. Sus labios entreabiertos y sugerentes dejaron ver unos dientes perfectos, blancos y ligeramente afilados. Su lengua húmeda brilló tras la blanca empalizada como una promesa de ambrosía.
- Mi propio deseo.
- Su propio deseo —respondió el hombre.
Se quedaron unos instantes en silencio. Ella observaba fijamente al hombre. Él, ruborizado, respiraba un poco más trabajosamente de lo normal. Hasta que Virginia rompió la tensión del momento.

- Bienvenida, Tirador —dijo secamente.
- Muchas gracias, señora —respondió Helena viendo la ropa de la oficial al mando.
- Supongo que dada su condición, esta nave le parecerá un artefacto obsoleto e inútil; pero es tan perfectamente consciente como cualquiera de nosotros que nadie vuelve jamás de los Círculos Exteriores. Así que debería acostumbrarse. Este hombre que la mira con miedo y respeto a partes iguales, iguales a sus deseos de llevársela a la cama, es Roberto. Es el jefe del equipo de Asaltantes y, por tanto, su superior directo. Yo me llamo Virginia y soy la capitana de la nave, con todo lo que ello implica.
- Sí, capitana.
- Si tiene cualquier duda, búsqueme, aunque cualquier miembro de mi tripulación estará encantado de solventarlas.
- Sí, capitana.
- Somos lo más parecido que tendrá a unos amigos aquí. Cuando un Ello ataque, tendremos que confiar los unos en los otros para sobrevivir, así que no quiero intrigas, ni traiciones, ni dobles juegos ni nada de chorradas.
- Sí, capitana.
- Roberto, llévela a los cuartos de los Asaltantes. Partimos en tres horas.
- Claro, Virginia. Allá vamos.