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sábado, 24 de abril de 2010

El ciempiés monstruoso

Nissit se acercó a la puerta para examinarla con atención.
- Será imposible abrir esto sin llamar la atención de la criatura. Esta puerta pesa un quintal y hará ruido si intentamos abrirla...
- ¿Qué hacemos entonces?
Nissit se encogió de hombros, dando a entender que la lucha la prefería como última opción. Los cottar exploraron la sala minuciosamente y encontraron una trampilla cuyas bisagras eran completamente transparentes. Invisibles por completo. La abrieron. La trampilla daba a un tubo vertical con una profundidad de unos 8 metros. Descendieron a Nissit ayudado por cuerdas.
- No hay nada, sólo libros —informó desde abajo.
Balai y Luna quisieron ser las siguientes en bajar. Y, de hecho, poco a poco, bajaron todos, atando las cuerdas arriba.

El piso inferior al que daba, era un complejo de cuatro salas. Una primera, en cuyo techo se encontraba el tubo vertical y una mullida y gran alfombra en el suelo, dos salas llenas de libros y una tercera llena de objetos varios, con predominancia de anillos. Balai y Luna se mostraron emocionadas y empezaron a cotillear libros y objetos y así pasaron un par de horas.
- Deberíamos pensar en irnos —dijo Nissit.
- ¿Tienes alguna idea de cómo salir?
- No, pero desde luego no vamos a salir mientras estemos aquí.
- Tal vez en estos libros haya algo que nos ayude... o tal vez uno de esos objetos de la sala de allí —dijo Luna.

Aquella noche, durmieron sobre la gran alfombra aunque las dos mujeres se acostaron tarde, obsesionadas por los libros.
- Oh, mira, este parece de rituales... ¡y está en Ñarjarflag!
- Viva, viva.
- ¡¡Sí!!

El día siguiente trajo consigo verdades incómodas.
- Chicas, sé que os quedaríais eternamente leyendo estos libros, pero la cuestión es que tenemos que salir de aquí.
- ¿Cómo vamos a hacerlo?
- Por las buenas o por las malas —sentenció Nissit.

Trepó él por la cuerda y ayudó ligeramente a Tarik. Entre los dos subieron a todos los demás sin grandes problemas.
- Balai, por favor, ¿puedes comprobar a qué distancia se encuentra el gusano?
- A unos 200 metros —respondió tras un instante de concentración.

Entre todos intentaron levantar la pesada puerta, con escaso éxito.
- Os dije que era demasiado pesada.
- Pues de un modo u otro tendremos que abrirla, y si no la cargamos en peso, el estrépito retumbará por los pasillos y el bicho volverá hacia aquí.
- Mejor morir peleando que aquí de hambre.
- Mejor no morir.
- Bueno, venga, un último intento de encajar la puerta en sus goznes.

Volvieron a coger la puerta en peso y esta vez sí, fue depositada en su sitio. Úlvien cayó al suelo, presa de dolor, tras un sonoro crujido. El ruido de patas acercándose por el pasillo los alertó.
- Sacad a Úlvien de aquí, ahora mismo es inútil. ¡Sacadlo, sacadlo!
Se llevaron al elfo y Luna le aplicó una mano en el costado y con otra le agarró dle brazo. Tiro con destreza médica y el elfo volvió a gritar. Luego movió rápidamente las manos sobre él, y pronto se calmó.
- Le he Aliviado el Dolor, dijo.

Las patas del bicho golpeaban paredes y puerta cuando la abrieron. En un rápido giro, el enorme ser introdujo su extremo anterior en el que unas mortíferas fauces amenazaban a los cottar. Me aparté un poco, para evitar ser salpicado por los posible chorros de distintos fluidos y presencié un extraño combate en el que la criatura se dejó atacar casi impasible ante las voces de Balai, que parecían clavarlo en su sitio. No entendí el proceso, pero la criatura parecía estar quieta, como ante un buen domador; a pesar de los golpetazos y las heridas que le infligían los demás. Sólo hubo un momento en que pareció que se iba a liberar, consiguió moverse y golpeó con saña a Tarik que salió despedida hacia el hueco en el suelo. Vi sus manos aferrándose con fuerza descontrolada al borde, con los dedos blancos por el esfuerzo. Apenas podía moverse.
- Ayuda, por favor...
El combate se decidía golpe a golpe. Ayudaron a Tarik y, en algún momento indeterminado, la enorme mole de la criatura se desplomó con un húmedo y profundo golpe contra el suelo. Sus patas se agitaron durante unos instantes tras los cuales quedó completamente inerte.

Tarik apenas podía moverse, tenías unas profundas heridas en los brazos con los que se había protegido de las fauces del ciempiés y parecía mostrar síntomas de heridas en los tendones. Fue atendida y, ante las dificultades que tenía para ser llevada hasta la alfombra, decidió dormir arriba, junto al cadáver del artrópodo.

Abajo durmieron los demás. Yo me quedé arriba, con Tarik, y como ella vi acercarse a las orugas brillantes; miles de aquellos pequeños se acercaron al cadáver de la bestia y la empezaron a consumir rápidamente. En aquel ambiente no parecía que hubiera comida muy a menudo y, aunque desconozco su ciclo biológico, estaba claro que aquellas orugas podían sobrevivir mucho tiempo sin alimento, a cambio de grandes ingestas puntuales.

Al día siguiente recogieron un montón de los anillos y algunos otros objetos que había en la sala, ayudaron a Tarik a incorporarse y se dirigieron hacia la ciudad. El resto de los túneles quedarían para otra ocasión.


Tarik le pidió a Ber —que había intimado ligeramente con Ishil, que era muy de su tipo en su nuevo cuerpo, y con su actitud inocente— atención médica, y este le recomendó dos semanas de reposo. De reposo total, y para asegurarse le escayoló los brazos, porque incluso Tarik dudaba de su fuerza de voluntad. Además se le comunicaron los descubrimientos a Aruala y a Elendir, quienes ocupaban actualmente las sillas y se preparó una segunda incursión a los sótanos para dos semanas después. Supongo que, en principio, estaba previsto que Tarik participase, pero a días del viaje, Aruala y ella discutieron agriamente y se echaron falacias en cara. Las dudas, el miedo, ¿quién sabe? Contraproducentemente, los cottar parecían empezar a tener motivos banales para enfrentarse los unos a los otros.

Cuando Ber tuvo en sus manos las bisagras invisibles, que el grupo de exploradores se había encargado de arrancar de su lugar fijado al suelo, se sintió sorprendido.
- Observador, si estás aquí, tal vez quieras echarle un ojo a esto.
Vi como yo le daba unos toquecitos en el hombro y agarraba la pieza por debajo. Él la soltó. Yo exclamó con sorpresa al analizarla y la devolvió.
Creo que yo podía estar defectuoso entonces, aunque no supe evaluar los riesgos en el momento.

Esta vez, el grupo fue formado por los guerreros, comandados por Odom, Ishil, Ber, Balai, Luna, Isivir y Nissit.