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viernes, 30 de abril de 2010

Días

Día 54

En los Círculos Exteriores existe una cierta tendencia a medir el tiempo como una cuenta atrás hasta el regreso a Nexo. Faltaban 54 días hasta que la tripulación de la Byrd estuviese autorizada a volver y, mientras, surcaban el vacío como una insignificante molécula de agua, fuertemente armada, surcaría un gran océano.
- Rumbo 3, 19, -4 —sonó la voz de Italo por megafonía.
Nada había vuelto a ser igual. Notaba a Sara distante, seria. Fría. Le dolía en el alma. Por las noches se la imaginaba desnuda y el corazón se le aceleraba en el pecho. «Está tan buena... ¡joder!».
Sara permanecía cabizbaja, como si le diese vergüenza estar en la misma sala que él. E Italo que había demostrado tantas veces sus escasos escrúpulos, se arrepentía y se avergonzaba de sus palabras. Los ojos esquivos de Sara lo mortificaban.

El vacío espacial nunca le había parecido tan negro, tan profundo. Tan desolador.

Día 52

«Dos días menos» —pensó Virginia mientras los tachaba en su libreta de navegación.

A bordo de la Byrd las cosas iban bien. Helena parecía integrarse bastante mejor de lo que cabía esperar por las reacciones de sus hombres el día que había llegado. Habían congeniado. «No debería sorprenderme, es parte de su...» —Virginia reflexionó sobre la palabra que buscaba, casi negándose a admitir que iba a decir «programa».

Día 47
«Nada» —comunicaba Javier por radio cada vez que exploraban una nueva localización. Un rápido vistazo le bastaba para contemplar todas las pantallas de medición de datos. Era consciente de que todos celebraban cada remanso de paz, pero el paso de los días sin nada que hacer acababa poniendo a uno de los nervios. Las pantallas permanecían inalterables: lecturas biométricas: 0. Lecturas magnéticas: 0,001 —la emisión de la nave, probablemente—. Lecturas... «Algún día aparecerá algo y acabará con nosotros mientras todavía nos sorprendemos» —pensó Javier mientras tragaba saliva.

Día 42
Roberto no recordaba haber pasado tanto tiempo seguido en la sala de ocio, últimamente ni siquiera llevaba a cabo sus hasta ahora inflexibles sesiones de musculación. Helena le excitaba a más niveles que el meramente sexual. Era interesante, intrigante. Lo traía loco. Cada día, entre ruta vacía y ruta vacía, se reunían para jugar a Duelistas, o a los dados, y él no podía evitar estar más pendiente de los labios de su rival que de las cartas. Lo había intentado. «Los dioses saben que es cierto».

Día 34
Álvaro había terminado al fin de limpiar los neuroimplantes y ahora sobre la bandeja estéril los observaba. Su arquitectura le parecía mágica. Cómo concebir un mecanismo tan terriblemente complejo, unas piezas tan enrevesadas y una instalación tan milimétrica y dificultosa. ¿Cuántos experimentos fallidos había tenido este proyecto antes de llegar a buen puerto? Su inserción requería excavar en el sensible tejido cerebral mientras se hacía un reconocimiento de funciones del córtex. Siempre hay variaciones entre un cerebro y otro, como entre dos órganos cualesquiera; no someter al paciente al reconocimiento de funciones del córtex podía suponer eliminar su sentido de la moral, provocarle algún tipo de trastorno esquizofreniforme o una afasia. «¿Quién coño serán los pobres diablos a los que sometieron a las pruebas antes de que se describiese y definiese todo el experimento?».

Día 24
Sara marcaba todas las posiciones que visitaban. Faltaba un mes para volver a Nexo y empezaba a estar emocionada. Tenía ganas de dormir en una cama mullida y de pasear por los jardines. Le encantaban los animales y las plantas, probablemente más de lo que le gustaban las personas. Su relación con Italo se había enfriado desde que él había intentado una aproximación mayor. Pero trabajaban juntos, no ya en la misma nave, sino en el mismo cubículo. La cabina.
- Rumbo 19, -1, -16 —dijo Italo al micrófono.
El lápiz arañó el papel con su tranquilizador sonido, casi como si se tratase de papel y de lápiz de los de verdad. Los avances del mundo moderno tendían a darnos lo que ya teníamos, pero haciéndolo más caro, más limpio y con más comodidades. Este era un lápiz eterno, que escribía en un papel potencialmente infinito y que se podía borrar pasándole la punta del dedo. Es lo que se había impuesto tras toda aquella sarta de ingenios que capturaban la voz y la procesaban, que leían directamente en nuestra cabeza lo que pensábamos o que indagaban en la mirada. Progresar y progresar nos devolvía al pasado. Las costumbres del ser humano eran más atractivas que la brillante imagen que el progreso tenía como horizonte.

Día 15
Observa aquellos pechos como si fuesen el néctar prometido. Cada vez que paraban en Nexo se hacía con pornografía nueva, para variar las vistas. Se masturbaba lentamente, saboreando el momento. La mujer subía y bajaba, a horcajadas, sobre un hombre fornido de cabello ensortijado. Gemidos, más gemidos. Sentía un cosquilleo, la sensación que antecede al orgasmo.

Aquellos momentos de placer le hacían más soportable el día a día, el estar recluido en mitad de ninguna parte, flotando en la negrura vacía. Tras limpiarse eliminó todos los archivos del ordenador y borró el registro de aplicaciones.

Dos semanas y estaría de nuevo en casa. En Nexo.

Día 10
A Virginia no le había gustado la respuesta del capellán. Días y días de narcóticos habían proporcionado una respuesta, una que Virginia no quería oír. El capellán estaba casi convencido de que Helena ganaba más de lo que perdía con su ingreso en los Círculos. Perdía su libertad. Tenía que ganar su vida.

- Helena se equivocó —le dijo—. Pecó.
- No creo, capellán, están autorizadas para hacer, prácticamente, lo que les dé la gana. Son el brazo ejecutor de las Empresas...
- ¿Y cuando una empresa ataca directamente a otra?
- ¿Qué insinúa?
- Apostaría a que violó el código de las Zetas.
- Es impensable.
- Por ello tiene que estar aquí.

Virginia torció el gesto con desagrado. Si el capellán tenía razón, la Zorra había venido en busca de protección. De protección contra otras Empresas, ¡contra otras Zorras! Alguien pediría su salida de los Círculos y nadie lo consentiría, y luego... alguien, una Zorra, vendría a por ellos y perdidos en mitad de la nada, con las comunicaciones cortadas, serían destruidos. Causa: desconocida (probable Ello). Virginia se mordió el labio inferior y blasfemó.

El capellán bajó la vista avergonzado.

Día 7
El mecánico estaba tirando en cama. Quedaba una semana para volver, para descansar en una cama de verdad, para pasear por los jardines de la mano de Iliana, una administrativa del puerto de atraque a la que veía en todos los permisos. Le gustaba la sensación de humanidad que reportaba tener una relación más o menos formal con alguien. En los Círculos no solía ser así. Uno se liaba con una persona de otra Exploradora con la que seguramente nunca volvería a coincidir nunca. ¿Por qué? Una relación tensa en la propia nave podía acabar con las vidas de todos los tripulantes, era mucho mejor anular la posibilidad de problemas de pareja. Además, era raro que los trabajadores de Nexo intimasen con los reclusos de los tripulantes de la Guardia, él había sido afortunado. Iliana era una mujer alta y delgadita, con el pelo rizo y unos adorables tirabuzones castaños distribuidos enmarcando las mejillas.

Se preguntó si ella lo añoraría durante las misiones. Se preguntó si proponerle un paso más en la relación será ridículo. Él, un recluso de una Exploradora, constantemente con la hoja de la Muerte a centímetros de su pecho... pero nadie le impediría soñar.

Día 4
Helena se paseaba como un gato por los pasillos, con cierta altanería orgullosa. Esta había sido su primera salida de Nexo y al la vuelta podía reconocer a varios tripulantes como sus partidarios. Sabía que Roberto, Javier y Marta, la gente con la que más tiempo pasaba, confiaban en ella y, a su modo, la apreciaban. Sabía que Tim haría lo que fuese por una sonrisa insinuante o una pose sugerente. Igualmente había notado el frío distanciamento que mantenía Virginia y el cortés aunque suspicaz trato que le dispensaba el capellán. El resto mantenían un trato próximo, pero no mostraban una gran inclinación en favor de ella.
«Un viaje más, un Ello, y todos me considerarán imprescindible».

Día 2
Marta estaba en la radio mientras Tim dormía. Canturreaba por lo bajo una canción pop, que su padre ponía insistentemente en casa, mientras se imaginaba a Helena. Aquella belleza salvaje, aquella forma de caminar y de sonreír, la volvía loca. La habían diseñado como un arma de seducción y Marta no pudo menos que alabar mentalmente el trabajo de aquellos científicos.
- ¿Nave E-D07, Byrd? —sonó por el comunicador interrumpiendo sus pensamientos.
- Sí, aquí Byrd. Habla la Asaltante-Scout Marta.
- Necesitamos que investiguen posible Ello en las coordenadas 19, 2, -16.
- Esas coordenadas quedan bastante lejos de nuestra actual posición. Tenemos permiso dentro de dos días, señor —no podía evitar pensar que había estado en la zona hacía unos veinte días estándar..
- Repito: investiguen posible Ello en 19, 2, -16.
- Sí, señor —respondió Marta llevándose una nerviosa mano a la cabeza.

«A ver cómo se lo toman los demás»