Google+

miércoles, 31 de marzo de 2010

Nuevo miembro

El día de descanso había pasado casi desapercibido. Pasear por los jardines, beber en los bares, dejarse el sueldo en las mesas de juego, hacerse con alguna cosilla en el mercado. Nave Nexo ofrecía posibilidades cuantiosas y muy bien valoradas para un Guardia de los Círculos Exteriores: permitía pensar que uno poseía una vida durante el tiempo que uno pasaba allí. El aire parecía de verdad, con ese toque pestilente del de las urbes. A bordo de una Exploradora era un detalle más que echar de menos.


A la vuelta nadie hablaba nunca de lo que habían hecho en la Nexo. No era lo más conveniente. Sin embargo, Virginia sí habló aquel día, según se reunieron en la nueva y reluciente E-D07 con el nombre Byrd grabado en estribor y en popa. Las nuevas naves incluso llegaban bautizadas, en tiempos se borraba los nombres porque la Guardia de los Círculos, se consideraba, no se merecía ni eso.
- Vamos a la sala de ocio – dijo en cuanto llegó el último, que se acercó sorprendido de que todos estuvieran reunidos en torno al puente de acceso.
- ¿Ha pasado algo?
- Hablaremos allí, cortó Virginia.


Se reunieron en la sala de ocio porque siempre era la más grande en las Exploradoras. La nueva nave, aun siendo una Clase-D estaba muy bien equipada, probablemente mejor que las C de hacía una década y que las B de hacía 3. La industria armamentística y navegacionista hacía constantes virguerías, y lo que hoy era el punto más alto de la larga cadena de ingenios, se utilizaba unos cuantos años después para los fines más comunes. Virginia no dejó de apreciar lo brillante que aún estaban las superficies pulidas, la velocidad de reacción de las puertas cuando uno las abría y el casi imperceptible rumor de los equipos. Era mucho mejor de lo que nunca habría soñado.


- Tenemos nuevo Tirador – informó la capitana.
- ¿Con neuroimplantes? - preguntó Cachivaches.
- Mejor – contestó con sencillez.

Todos se quedaron en silencio. Había pocas cosas mejores que los neuroimplantes. Muy pocas cosas.
- ¿Una Zeta?

Virginia asintió.

El silencio se convirtió ahora en algo denso y casi masticable, varios de los presentes sintieron un pequeño escalofrío recorriéndoles las lumbares.
- ¿Por qué coño tenemos a una Zorra en los Círculos? - preguntó Roberto.
- Eso es lo mejor de todo – contestó Virginia deslizándole el fichero por la impoluta mesa.


Roberto lo cogió y alzó para leerlo.
- Helena blablablá... 9 del Quinto del 148. ¡Hostiás! Fecha de creación, qué cachondos...
- Son Parahumanas – comentó Álvaro quitándole importancia y sorprendencia al asunto.
- Blablablá... - siguió Roberto y, cuando ya parecía que no iba a decir nada más, vaciló un instante y cualquiera que lo viese brevemente, vio sin lugar a dudas un más que ligero empalidecimiento – causas de ingreso: ingreso voluntario...

Virginia asintió en silencio. Los demás sólo abrieron desmesuradamente los ojos.
- Una Zorra loca... - dijo Tim pasado un rato.
- Pobres Ellos – sonrió Marta.
- Pobres nosotros – respondió Tobías.
- Se las considera demasiado...
- Alto – ordenó Virginia – a partir de ahora es una miembro de esta nave y quiero que sea tratada como tal. Sin acusaciones ni prejuicios. ¿Está claro?
- Pero, pero... capitana... ¡es que se trata de una Zorra!
- Como si se trata de una puta, Roberto; es parte de la tripulación y será tratada con todo el respeto posible.

Cachivaches dirigió una mirada llena de odio a la capitana. Marta, que se dio cuenta, se rió.
- A ver, Javi, que nuestros puteos van desde el cariño, hombre.
- Cuando llegue decidle que quiero hablar con ella.
- Sí, señora.

En cuanto Virginia abandonó la sala, el resto de tripulantes se miraron.
- Una Zorra, la hostia, una puta Zorra... - comentó Roberto todavía conmocionado.