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lunes, 15 de marzo de 2010

Nave Nexo

- Primera cúpula cerrada. Esperen mientras se permite el acceso a la segunda cúpula.
- De nuevo en casa – dijo Italo.
Sara sonrió con alegría renovada.
- Acceso a segunda cúpula abierto. Procedan.

La Nexo era una titánica construcción que parecía vagar a la deriva en la inmensidad de la nada. Una vasta ciudad volante que forzaba al límite los conocimientos de ecología aplicada. En Nexo crecía verdadera vida vegetal, que alteraba drásticamente los ciclos de los elementos y la formación de un suelo de verdad. La cantidad de trabajo que incluía el desarrollo de una Nexo era inconcebible e implicaba a miles de personas que sólo poseían conocimientos parciales al respecto, una terrible inversión económica y muchos años de dedicación.

Las entradas y salidas a la Nexo se producían a través de un sistema de cúpulas. Las más cercanas a la superficie exterior de la Nexo estaban permanente vacías de aire, para lo que se utilizaban una serie de bombas. Las naves acceden a través de una enorme abertura ovalada que se despliega a modo de párpados. El suelo de esta primera cúpula de acceso está formado por unas placas deslizantes con las que se recoloca la nave mientras se prepara el acceso a la segunda cúpula y se cierran los párpados. La nave, entonces, es deslizada hasta la segunda cúpula; se cierra el acceso entre ambas y el aire que haya pasado a la primera es retirado, volviendo a dejarla completamente vacía.

Desde la segunda cúpula, las naves, por un sistema parecido al primero, eran transportadas hasta el hangar, al que comúnmente se le conocía como «tercera cúpula», que conectaba varias localizaciones importantes de dentro de Nexo.

El esquema más sencillo que se podía hacer de Nexo, sin faltar a la realidar, era el de una red, una red de tridimensional compuesta por hexágonos y cada localización, en un vértice, conectada a través de unos pasillos. En realidad era algo más complejo, había localizaciones que ocupan todo el hexágono, localizaciones unidas por otras localizaciones – como El Bosque o cualquiera de los Parques -, y alguna que otra particularidad.

- Tengo que ir a hablar con Arturo – dijo Virginia -. Roberto, Álvaro y Tobías, vendréis conmigo. Los demás estáis libres hasta que se os comunique lo contrario. Llevad los comunicadores personales con vosotros.
- Sí, señora.


Caminaron juntos hasta la salida del hangar, desde donde cada grupo cogió distintos transportes.
- Les remitiré lo que sea necesario – dijo Virginia.
- Sí, señora.
Y ya en dirección a la Comandancia, Virginia tragó saliva. Odiaba hablar con Arturo cara a cara.