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lunes, 29 de marzo de 2010

Fallar no es una opción

Hay veces en las que uno no se puede permitir fallar. Todos lo sabemos y a todos se nos ocurren situaciones de ese tipo. Tirando de un clásico diré que no se puede llegar a la torre en la que el dragón tiene a la princesa tras superar todos los contratiempos y allí, ante la dorada y terrible mirada, fallar el último golpe; errar estrepitosamente el conjuro. No, no se puede. No es un asunto de que se deje sin material a los bardos; es que, sencillamente, las cosas no pueden funcionar así. Llegados allí hay que triunfar o morir con todas las cartas en la mano, el error no es una opción. A ver, entendámonos, no hay nada malo ni humillante en que un dragón te parta por la mitad con un poderoso mordisco; lo que es humillante es reventar en cachitos por un error de forma, por ejecutar mal el canon del conjuro. Eso es una vergüenza. Es sencillamente inadmisible. Uno no puede llegar hasta el dragón y suicidarse estúpidamente ante él. No puede, no se lo permito. Es así de simple.

Cuando llega ese momento, y uno falla, cuando uno ve que está fallando, ha de poner todo su empeño en corregirse, ha de sacar fuerza de donde ni siquiera sabía que la tenía. Darle forma desde dentro, canalizarla y corregir los errores a base de sangre. Sí, ha de rendir sus fuerzas, su energía y vitalidad al conjuro para que este no se vuelva contra él. Y entonces, cuando lo ha dominado, cuando ha hecho un pacto con él, ha de esforzarse en lanzarlo bien.

La magia es un amante exigente y no admite fracasos. No lo dudéis nunca, si se puede evitar un gran error conjurando, ha de hacerse. Sea cual sea el precio.


Consejos de magia del Arcanista Veriad'n Dahl.
Universidad de magia de la Ciudad Profunda.