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lunes, 8 de febrero de 2010

El Plan

Tarik:

A media mañana salí de la torre hacia casa de Aruala. Tenía que hablar con ella. A mí no me agradaba en absoluto la presencia de aquellos demonios negros. Había querido hablarlo la noche anterior, pero nadie había atendido la puerta.
- Hola - me saludó con tono amigable.
- ¿Se puede pasar? - le pregunté.

Entré con tranquilidad, según me abría paso, y me dirigí directamente al salón. Lanzé una detección de mentes y sentí la presencia de drows en las inmediaciones, a unos cincuenta metros.
- Hay algunos de ellos cerca - le dije tranquilamente. No entendían nuestra idioma, aunque nos espiasen sólo captarían el tono y, a lo sumo, nuestro enfoque mental del asunto. Había que hablarlo sin darle importancia, manteniendo la mente ocupada en mostrar otras sensaciones.
- Lo sé - sonrió ella, con total despreocupación -. Están ahí casi desde que han llegado. Tal vez no conocen nuestro potencial psíquico, tal vez sí y, en realidad, sólo quieran hacerse notar. Una prueba de fuerza, ¿sabes? ¡Aquí estamos!
La risa de Aruala parecía casi fuera de lugar entendiendo la conversación. Fingía bien. Mentía bien. Sus cualidades como líder resultaban evidentes.
- Voy a enviar un grupo hasta su ciudad, para devolver la visita de cortesía.
Enarqué una ceja evitando pensar las deducciones que se podían extraer de aquella información.
- ¿Quién compondrá la comitiva?
- Alai, Ishil, Óxios y Ber.
- Es un grupo evidente.
- Para nosotros sí. Espero que Óxios puede disimular todo eso ante ellos.
Asentí. Comprendía. No le di más vueltas.
- Espero que se consoliden nuestras relaciones.
- Si esto sale bien, se consolidarán. Estaremos más unidos que nunca - sonrió con alegría y sin un ápice de maldad en su voz.


Al día siguiente partió la comitiva. Óxios observó un instante la plaza con mirada arrogante. Se creía superior a los demás, no cabía duda de ello. Con la información adecuada, estaba claro que pensaba algo como: «pronto, todos vosotros, nos deberéis la vida. Nos espera una existencia de reyes». Tal vez no con aquellas palabras. Sin la información adecuada, en cualquier caso, podría estar pensando «qué bien nos lo vamos a pasar con tanta hembra ligera de ropa». Aunque aquellos seres tuvieran pelo, estaba claro que se creían atractivos e intentaban lucir sus formas constantemente. Aruala se despidió de todos ellos. Alai le sonrió con confianza y Aruala se despidió con un abrazo de ella. Luego abrazó a los demás y se despidieron. La comitiva partió, acompañada por casi todo el grupo de escoltas de elfos negros que habían cruzado las tierras que nos separaban. En nuestra ciudad quedaban la clériga, sus dos aprendices y dos guardias. Ahora cambiaba, supongo, el sentido en que se presenciaba la amenaza. 
Los acontecimientos sucesivos se aceleraron increíblemente. Luna fue a hablar con Aruala sobre unas visiones que había tenido, Aruala se puso muy tensa y nos envió a buscar a Nissit a la zona donde estaban minando. La misión, explicada rápidamente, era asegurarse de que el plan original salía bien. Y fue entonces cuando nos dio a conocer dicho plan. Alai envenenaría los acuíferos de los drow, Óxios haría una bruma mental para que nadie pudiera sondearlos e Ishil llevaría preparado un ritual de invisibilidad para cuando tuvieran que huir corriendo. Todo estaba calculado. Ber sólo era la fachada, la conversación; Ber era la sonrisa falsa tras la que se ocultaba el arma.
- No veo cómo podría fallar nada - dijo Aruala -, pero no quiero arriesgarme. Id por detrás de ellos en todo momento, no os dejéis ver y velad porque todo salga bien.
Y armados ligeramente y con más voluntad que probabilidad de éxito, partimos hacia la ciudad de los elfos negros.