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miércoles, 17 de febrero de 2010

Informático

Desde su pantalla que había configurado como NRI – Núcleo Receptor de Información -, Tim seguía los avances del pequeño robot a través de los conductos con un retraso de una imperceptible fracción de segundo respecto al receptor principal.

El procesado de imagen de las cámaras del robot y la reinterpretación cromática posterior permitían contemplar la escena con todo lujo de detalles, colores y un aspecto muy parecido al que tendría bajo una luz blanca captada por el ojo humano.
«¡Tim! ¿Estás viendo eso? - sonó la voz de Roberto a través de los altavoces del ordenador».
Y lo estaba viendo. A pocos metros del robot se percibían unas pequeñas formas blancas, como hojas de fresno de color blanco que se encontraban suspendidas en el aire, desafiando al sistema de generación de gravedad.
- ¿Qué crees que es? - preguntó Tim.
«Eso es lo que tenemos que descubrir».

El ingeniero había dejado de mover al robot, que ahora, quieto, ampliaba y reducía el zoom de sus visores y procesaba la imagen de un modo y de otro intentando conseguir un patrón de diferenciación. Entre toda aquella batería de pruebas visuales, las hojas se aproximaban lentamente. Tenían el contorno aserrado y un aspecto de asombrosa rigidez que contrastaba terriblemente con la forma en que se doblaban mientras se movían.
«¿Alguna idea, capitana?»

Nada, salvo la sensación incierta de que algo, una fuerza extraña e inexplicable unía las hojas se veía entre todas aquellas pequeñas figuras blancas.
«Los movimientos de las hojas, aunque muy independientes, no parecen tener una independencia completa – sonó la voz fría y calculadora de Virginia».
«¿Qué quieres decir?»

Virginia siempre había tenido unos sentidos más desarrollados de lo normal. Ella veía algo, lo veía de verdad. Algo unía aquellas hojas y ella lo sabía.
«No quise decir nada. Sólo analizaba los datos».

Las hojas contactaron con el robot, la imagen parpadeó un momento y luego, cuando volvió, era monocular. No se estaba produciendo procesamiento de imagen, las figuras se veían pixeladas, deformes y poco definidas y se acercaban al visor activo. Cerca de su óptica había otras figuras de mayor tamaño, como bultos metálicos. Fue debido a la escasa nitidez del momento que a todos les costó reconocer los fragmentos perfectamente cortados del robot.
«¡Hostiás! - exclamó Roberto».