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sábado, 13 de febrero de 2010

El ingeniero

Estaba harto. Odiaba su mala suerte, su profesión, su cargo, su jefe y a la jefa de este. Los odiaba a todos. Nave Nexo no le ofrecía nada de su interés, nada por lo que luchar. No le interesaban los juegos – en los que sólo tomaba parte para no morir de hastío en la nave -, ni las putas, ni las armas, ni las plantitas. A él le gustaba conocer sitios nuevos, conocerlos de verdad, no a través de aquella mierda de realidad virtual de la N-A54. Tal vez hubiera algo de su interés en las N+ o en las N++, pero tenía claro que nunca pondría el pie en una.
- Hey, Risitas, ¿alguna idea brillante de las tuyas? - preguntó Roberto.
El ingeniero lo miró con odio palpable. Odiaba aquel nombre: Risitas. Roberto había puesto motes a todos los de la nave, probablemente, pero sólo a él se lo aplicaba directamente en todas las ocasiones. Él ya no se llamaba Javier, era Risitas, o Cachivaches, dependiendo de la situación. Tomó aire para evitar un improperio, si algún día llegaba a las manos con Roberto, no iba a ser el soldado el que saliese perdiendo. Aquello estaba claro.
- Supongo que podemos usar a uno de los robots de mantenimiento y pincharlo para ver a través de sus cámaras antes de entrar nosotros. Para no ir directamente a la aventura, sino partir con la información ya en la mano.
- Así me gusta, Cachivaches – sonrió Roberto –. Quién iba a decir que un tío tan pocacosa como tú iba a ser de provecho en una Exploradora.

Estaban en la entrada a los conductos y Cachivaches tenía al pequeño droide de mantenimiento sobre sus piernas. Tenía un pequeño cuerpo de apariencia cúbica y toda su superficie era deslizante, como ruedas oruga. Se sacó un pequeño emisor del bolsillo y lo insertó en unas de las ranuras de proceso de datos del artilugio, luego lo dejó en el suelo y lo accionó. El droide tardó unos veinte segundos en estar operativo, pasado ese tiempo descubrió las membranas opacas que cubrían sus fotorreceptores y las láminas contra el polvo que cubrían sus fonorreceptores.

A través de su ordenador, Cachivaches le dio las órdenes pertinentes y él se introdujo en aquellos conductos. A través de la pantalla del ordenador vieron lo que captaba el droide. Aquellas paredes de un gris negruzco con brillantes perlas de agua helada, todo parecía en perfecto estado.
- Tobías – empezó Risitas por el comunicador - ¿en qué sector de la nave están los desperfectos exactamente?
- 84,26, -3.
- En los respiraderos centrales superiores de la parte anterior, ¿no?
- Correcto.
- Vamos a ver qué pasa, hijo de puta – murmuró por lo bajo. Total, ¿qué era lo peor que podía pasar?