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jueves, 18 de febrero de 2010

Todos juntos

Con este texto nos ponemos a ritmo de partida. Al fin.
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Según nos informaban los mensajes de los pájaros, Ber estaba bien y gozaba de cierta libertad. Los elfos negros acusaban de ataque injustificado a los demás miembros de la comitiva y, al parecer, se había llevado consigo a 16 de los suyos. Entre ellos su líder religiosa y política. En conjunto, las cosas podrían haber salido peor, a pesar de lo caro que había sido el precio. Entre Elendil y yo acordamos un grupo de exploradores formado por cuatro elfos y cuatro cottares. Me despedí de los míos: Tarik, Asha, Nissit y Luna. Esta última había sido mi gran apoyo desde que Alai había muerto y me preocupaba verla marchar. ¿Y si ellos también morían? ¿Y si estábamos arriesgando ocho vidas para salvar una? Ber era necesario, sus conocimientos eran necesarios; el parto es un proceso peliagudo y Ber salvaría vidas. Además... él conocía parte del pocimario de los brujos. Sabía que lo necesitábamos, pero ¿sería el precio demasiado alto?
- Suerte, Luna. No te mueras tú también – me despedí con un suave beso.
Ella me abrazó.
- Tranquila, todo saldrá bien.
En sus ojos refulgía la duda. ¿Y si no volvían? Quedaríamos 67, de 100 que éramos hacía 101 días. Dos muertos cada tres días. Eran unos resultados terribles, sólo empeorados – que supiéramos – por los gnomos grises.


Luna:
El viaje transcurría sin grandes problemas. Éramos ocho y muchos se dedicaban a recorrer el bosque casi constantemente. Siempre usábamos el mismo pájaro para los mensajes. Lo recogimos nosotros y lo enviábamos a una zona concreta a buscar a Ber, luego él nos lo enviaba de vuelta. Siempre así, siempre el mismo.

«En 4 días estaremos en las inmediaciones de la ciudad. ¿Podrás salir solo? Hay cosas que no sabes. No te fíes de ellos», aquel era mi mensaje. El que até a la pata del pájaro.
«He estado saliendo solo a recoger los pájaros. Os espero en tres días», nos llegó de vuelta. No era una respuesta demasiado emocionada, pero era una respuesta. Podría ser mucho peor.

Y en la fecha acordada estábamos allí. Preparamos el terreno, los exploradores se escondieron, los elfos descolgaron sus arcos y prepararon una flecha para, si fuese necesario, tensar y disparar. Nissit y Tarik se colaron entre los árboles. Asha desapareció y ni yo sabía dónde estaba. Ber tardó en encontrarnos pero dio con nosotros.
- Hola – dijo al llegar. Sin más ceremonia.
 Sentí una mente ajena a nosotros, que lo seguía a metros de distancia. Uno de ellos, un elfo oscuro.
- Hay uno de ellos – dije con voz calmada.
Escuché pasos corriendo, luego más pasos. «¡¿Qué hacéis?!», preguntaba Ber a voz en grito. Vi cruzar a Tarik entre los árboles, una sombra se movía un poco más lejos. Y de repente ¡BUM! Un ruido sordo, un golpe contra el suelo.
- Pero... - Ber tenía los ojos desorbitados y miró con desdén a Nissit cuando apareció en el pequeño claro, con el enemigo al hombro con la garganta cortada. Lo dejó caer al suelo, la sangre del drow abatido le corría por la espalda.
- ¡¿Por qué coño habéis hecho eso?! - Ber estaba furioso.
- Tú no lo entiendes – le dijo Tarik con voz hosca – ellos nos traicionaron primero. Vinieron a espiarnos, Ber, vinieron a matarnos.

Tarik explicó el porqué de nuestros actos, la actitud defensiva y que por eso habíamos tenido que ir a la Gran Montaña. Ber parecía todavía más enfurecido.
- ¡¿Es que no os dais cuenta?! Los animales se morirán a tanta altura, ¡¡nada vive allí!!
- Dentro de la Montaña hay magia que permite que...
- Magia, ¡Magia! Ahora confiamos en la magia para todo. Los acusáis de traición – dijo señalando el cuerpo muerto – pero fuimos nosotros quienes los envenenaron por la espalda... fuisteis vosotros quienes decidisteis tal cosa. Sois unos asesinos...
- 18 suyos por 18 nuestros. Yo considero saldada la deuda – dijo Nissit con voz indiferente.
Ber lo miró con sorpresa e incredulidad.
- Los envenenados, este y el que murió en el asalto a la ciudad. ¿No recuerdas que nos asaltaron, Ber? Y que luego se justificaron. ¿Nos justificamos nosotros ahora, a ver qué les parece? Te creíste sus mentiras, todas sus mentiras; ¿crees que, de la noche a la mañana, cambiaron sus intenciones? Atacaron a otras razas; unas veces les salió mejor y otras peor, pero el caso es que fiarse de ellos era una locura.
- Vuestra acción no fue moralmente menos reprobable.
- No lo dudo, pero ahora la balanza se ha reequilibrado.
- Sólo los asesinos defienden el sangre por sangre.
Nissit lo miró sin decir nada más. El perfecto tajo en la garganta del drow y el ataque por sorpresa que lo había matado dejaban claras las habilidades como asesino de Nissit.
- Bueno – dijo Tarik – ahora ya tenemos un cuerpo para Ishil.
Yo no dije nada, pero no pude evitar fijarme en que era uno de los que la habían matado. No le iba a hacer mucha gracia. Y además... además se trataba de un macho.
En silencio, y con Ber, nos encaminamos hacia el norte, hacia la Montaña. Él parecía molesto, pero su lealtad hacia la especie era patente, los cottar podían tener opiniones enfrentadas, pero nunca se perjudicarían entre ellos.