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viernes, 15 de enero de 2010

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Alai:

Luna me había pedido ayuda con el idioma de los Ñarjarflag y yo le había dado los apuntes de los primeros días, durante los que ella había estado inconsciente a unos cuantos metros. A última hora de la tarde hablaríamos sobre qué había estudiado e intentaría solventar sus dudas. Ber había cancelado sus clases para preparar unas de drow.

Estaba tumbada en cama cuando llamaron a la puerta. Me levanté rápidamente y abrí, allí estaba Odom, el nuevo líder de los guerreros.
- ¿Puedo pasar? - preguntó de entrada.
- Claro, claro; pasa - asentí un poco sorprendida porque ni se molestase en saludar primero -. - ¿Quieres tomar algo?
Me dirigió una mirada arisca y suspicaz.
- Me pregunto si a Burhum le dijeron lo mismo en su momento - comentó con voz emponzoñada.
- ¿Cómo? - pregunté escandalizada. ¡Venía a mi propia casa a insultarme!
- Nada... - contestó, aunque sus ojos seguían mostrándose fríos - he preparado una lista de grupos. Empezarán a trabajar en un par de días y tardarán 16 en terminar de recorrer el alcantarillado si todo sale como está previsto - informó con marcial tono y precisión.
- ¿Quiénes irán?
- Casi todos mis soldados y un par más. No podemos retirar un alto porcentaje del pueblo.
- ¿No te parecen demasiados días?
Me miró suspicazmente una vez más.
- Esa clase de decisiones, salvo orden directa, las tomo yo. Están tomadas. Si quieres ir a pedirle a Aruala que me haga cambiar las órdenes, ve; dirá mucho de ti.
- Era una mera pregunta - respondí con voz tensa.
- Ahá - respondió levantándose - bueno, Alai, ten un buen día. Tengo cosas que hacer.

Lo acompañé hasta la puerta y cuando me quedé sola me volví a mi cama y me tiré allí. Yo no había matado a Burhum y esa clase de acusaciones me molestaban. «¿Qué clase de cottar creen que soy?».

Estuve allí, reflexionando sin más, hasta que me volvió a sacar de mi ensimismamiento el ruido de la puerta.
- ¡Voy, voy!
Y al abrir estaba Luna. «Joder, ¿ya es media tarde?».
- Hola, Luna, ¿qué tal?
- Hola, Alai, pues bien. ¿Y tú?
- Bien. Pasa, pasa - le dije.
Y ya dentro, sentadas a la mesa, me comentó qué tal su estudio. Al parecer le había ido bastante bien, creía; alabó la claridad de los apuntes y, finalmente, conversamos un rato en Ñarjarflag. Era un idioma aparentemente muy abierto y sencillo, pero lo cierto es que era difícil avanzar sin alguien que lo impartiese, y la única persona que parecía tener más idea que yo había dado por terminadas las clases para impartir la lengua de aquellos traidores negros. «¿Cómo puede alguien confiar en ellos si vinieron aquí y nos atacaron mientras dormíamos?». Me parecía increíble, denigrante.

- Bueno, Alai, he de irme.
- Aún es temprano - le comenté por si quería tratar algo más.
- He... quedado - contestó ruborizándose.
- Oh - sonreí - pásalo bien entonces.

Aún era moderadamente temprano y tenía ganas de salir un rato de casa, así que me fui a hablar con Úlvien, a practicar mi élfico. Hablaba a  menudo con él y me llevaba bastante bien, era amable conmigo y siempre que me veía, con aquellos ojos, cada uno de un color, uno suyo y el otro no, se acercaba a saludarme y a intercambiar una cuantas palabras en su lengua. Cuando volví a mi casa me senté cerca de una de las ventanas, todavía quedaba luz, y estudié magia Ñarjar hasta que la luz me resultó insuficiente para leer. Y ya era noche cerrada cuando en mi puerta sonó el ruido de los golpes. «Se ve que la gente ha decidido visitarme toda el mismo dia»

Aruala estaba en la puerta y me sentí completamente sorprendida. Recordé el sabor de los labios y su mirada agradecida por el libro.
- Hola - le dije - ¿quieres tomar algo?
- Sí, gracias - dijo mientras entraba.
Fui a buscar uno de mis miaulladores y, cuando volví había una hoja en la mesa, llena de palabras escritas.
- Necesito que localices plantas autóctonas con estos principios activos. Te puse ejemplos de...
Cogí la nota. «¿Vendrá sólo a eso? Es imposible que me haga esto».
- No te preocupes, las encontraré - dije mientras le cogía los hombros con los dedos.
- Insisto, siéntate y escucha, será una labor larga.
Y allí, sentadas por la noche, con la única luz de la pálida luna me habló de los medicamentos, de la posibilidad de hacer más fáciles los partos para las mujeres cottar, me habló de progreso científico. Y cuando terminó de explicarme mis quehaceres, se levantó, me dio un beso en la mejilla y se marchó.

«Increíble. ¿Después de besarme y se muestra tan distante?». Pero me consolé pensando que sería debido a la presión psicológica que había obtenido con su cargo. «Los cargos pesan», me habían dicho una vez, durante mi preparación como diplomática. Y tenían razón. «Pobre Aruala»

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Este es uno de los últimos textos de Alai. Lo siento por sus fans. En su momento echaré un ojo a todos los posts en los que narra Alai para corregir ciertas cosillas, "son cosas del directo".