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domingo, 31 de enero de 2010

Puerta

Supe cómo se sentía un animal acorralado, una mascota abandonada cuando oye el ruido del coche arrancando; entendí los miedos e inquietudes que sentía Odín en mitad del Ragnarok, comprendí la sensación de una vida que termina sin remedio, de una eternidad de dolor, de un niño que a oscuras intenta dormir envuelto y arropado por sus miedos.

Supe qué sentía una adolescente en cinta o una página al ser mancillada por la tinta; entendí la desazón que siente un ciego cuando se da cuenta de que jamás volverá a ver, la angustia de un creyente que ha perdido su fe.

De un instante a otro supe de venenos y traiciones, supe de sombras y dagas, aprendí sobre sonrisas y rencores, sobre lo vasto del océano y la brevedad de las miradas. Me sumergí en el todo y en la nada, saboreé la mentira, la omisión de datos que subyace en las palabras, me impregné de sudor y bilis, de saliva y sangre, y entendí cómo se retuerce el mundo en torno a un grito, en torno al ruido...

...cuando oí el golpe que daba la puerta al cerrarse.