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miércoles, 20 de enero de 2010

La Reina

Aruala:

Salí de la torre de vigilancia. La conversación con Odom y Tarik había resultado frustrante. Estaba claro que cada uno tenía sus propios intereses, era evidente; pero teníamos que comportarnos como pueblo. «¿Por qué nadie intenta entenderlo?».

El día había sido horrible: la investigación sobre los principios activos de las plantas era lo único que había marchado bien. Ber apoyaba claramente a los drows que nos habían atacado achacándolo todo a un malentendido, Tarik quería ir cuanto antes a la Gran Montaña - tal vez estaba demasiado próximo al Espíritu del Bosque -, la muerte de Burhum había levantado olas de suspicacia entre todo el mundo en una serie de calladas acusaciones carentes de pruebas, algunos de los cottar parecían evitar sus ocupaciones constantemente; había que buscarlos como si fueran críos y recordarles calmadamente sus responsabilidades... tal vez las circunstancias no fuesen las más comunes, tal vez los nervios atenazasen a la gente, no lo sé. Pero la situación me hacía dudar de mis capacidades. «No estoy hecha para coordinarlo todo - pensé - tal vez debiera decir que no soy capaz de hacer todo esto, refugiarme en mi jardín y hacer un precioso lugar de recreo para todos ellos, que es lo que sé hacer». Pero aquello se vería horrible entre los de mi especie: «uno ha de hacer lo que ha de hacer», nos enseñan desde pequeños.

Necesitaba calmarme. Necesitaba un respiro, hablar sin exigir, sin pedir. Casi fui yo la sorprendida al oír el golpeteo en la puerta.
- Hola - dijo Alai.
- Hola - respondí.
- ¡Qué sorpresa! ¿A qué se debe tu visita?
- ¿Puedo pasar? - pregunté por toda respuesta, con la cabeza un poco gacha.
- Claro - respondió ella abriéndome paso.

La adelanté, la puerta sonó cerrándose a mi espalda.
- Pareces triste - dijo ella cuando se acercó a mí, que aún ni siquiera había tomado asiento.
 Se acercó más a mí.
- ¿Todo bien? - preguntó.
No supe qué responder más allá de un mísero «no». ¿Qué derecho tenía a cargarla con mis problemas como reina? Tomé asiento y ella se sentó a mi lado. Me tendió un brazo por detrás y me dio un abrazo.
- Tranquila, Aruala, no puede ser tan malo. Estamos mucho mejor que cuando llegamos, ¿verdad? La gente está un poco tensa por lo de los drow, puede ser; pero no fue culpa tuya. Ni siquiera eras tú la líder, eso te dará más margen para prevenir. Tú tranquila y hazlo lo mejor posible, un cottar nunca pensará mal de otro cottar. Todos sabremos que tu intención era la mejor. Escucha a tus consejeros, baraja sus opiniones y decide.
- Consejeros...
- Sí: Ber como el científico, Odom como el líder de los guerreros, Óxios como mago... etc.
- Supongo que será lo mejor.
- Claro que sí - sonrió.

Y fueron pasando los minutos, ella seguía hablando intentando animarme. Se había hecho ya muy tarde cuando cambiamos de tema. Las dos nos dimos cuenta.
- ¿Quieres quedarte a dormir? - preguntó con voz tímida.

Y la besé por toda respuesta. Con lujuria, con sed, con ansia. La besé agarrándole la nuca con una mano e inclinándola sobre aquel viejo y algo desvencijado sofá, palpando sus protuberancias occipitales. Se mostraba sorprendida, tal vez nerviosa, pero me devolvió el beso. Mi lengua exploró sus labios, saboreó la suya. Su boca entreabierta se entregó con pasión. Sus manos recorrieron mi espalda por debajo de la ropa mientras la sangre fluía de su cuerpo destapado por el vestido a mi boca y la llenaba, la inundaba. El sabroso líquido de la vida. Sentía la ternura de su piel bajo la presión de mis colmillos, sentí las dimensiones de las finas heridas al separar mi boca y lamerlas; la carne abierta aún empapada en sangre caliente. Desabroché diestramente el vestido y se lo quité con cuidado para que no se manchase con las pequeñas gotas de sangre que todavía afloraban de su piel, lo dejé caer a un lado y contemplé su cuerpo. Con la escasa luz apenas se notaban los detalles, un cuerpo pálido, delgado y bien formado. Mis manos la recorrieron deteniéndose en aquellos detalles invisibles, en pequeñas cicatrices, en marcas; me dibujaron su cuerpo hasta que se incorporó y me quitó la ropa. Y luego, tendiéndome ella, empezó a lamerme. Sus dedos dibujaron espirales por mi piel y se adentraron en mí. Me sentía excitada con aquellos dedos, con la mano que me acariciaba, con los colmillos que me mordían. Gemí hasta alcanzar el orgasmo y entonces me sentí más excitada cuando descendió entre mis piernas y su lengua empezó a lamerme un clítoris, mientras me acariciaba el interior de los muslos dirigiéndose, muy lentamente, con una mano, al otro. Acaricié su cráneo, centrándome en aquel distintivo cottar que tan especial nos resultaba. La levanté por los brazos cuando mi placer culminó de nuevo y la mordí, mis dedos descendieron por su cuerpo, se introdujeron en ella. Las sangres y las salivas se mezclaban y, fuera, la Luna iba trazando su paseo nocturno.

***

El Sol me despertó. La miré, todavía dormía. Me despedí con un beso, me vestí y salí de la casa tras recoger las plantas que había estudiado Alai. Me reuní con Ber. El Ser de luz se había ido ya hacia su pueblo, por lo que comentó él. Le di las plantas y las notas sobre las mismas.
- Estaré bastante ocupado haciendo pócimas los próximos días - me comunicó.
- Tranquilo, todos tenemos cosas que hacer últimamente - le respondí con una sonrisa antes de marcharme.

Y así se sucedieron los días. 16 días, nada más y nada menos. El alcantarillado fue todo explorado, cada salida fue marcada; Alai reunió y definió los mapas. Ber probó las pociones consigo mismo y con las embarazadas y poco a poco fue subiendo las dosis. Luna empezó a estudiar la magia de aquel pueblo extinto, el Arte de los Ñarjarflag. Así se ocuparon nuestros días. Las noches... sin embargo, cayeron como días soleados en pleno invierno y, a menudo, dormí con Alai y, durante esas horas, no pensaba en el trabajo, ni en haber sido exiliados en saben los dioses dónde. Sólo estábamos ella y yo. Y lo demás no importaba.