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lunes, 25 de enero de 2010

Hmmm... ricooo...

Hay sonidos más o menos agradables, como la música o como un bocinazo, como el sonido crujiente de la carne al horno o como el sonido de tu propia carne crujiendo en el horno. Ese último caso es el que me atañe. Un error de cálculo, o de medición, ha llevado mi mano contra un borde del horno, a sus maravillosos 230 grados - creo que son - y shchhshhschh, el olor de la carne quemada, al más puro estilo guerra del vietnam pero en casero.

Y ahí estamos, con dolor y picazón y el recuerdo del olor a carne quemada.