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jueves, 28 de enero de 2010

Brillogrís ligero, brillogrís pesado

Tarik:

No madrugamos aquella mañana, aunque tampoco dormimos hasta tarde. Quedamos en la Plaza Mayor, junto al hospital. Mientras esperaba por Alai y por Luna vi llegar a Ber con Alain, entraban en el hospital y el médico le iba hablando de qué iba a aprender en su recién adquirida condición de aprendiz. «Perfecto. Nunca viene de más otro médico». Ellos entraron y yo seguí esperando a que apareciesen las otras dos.

- Bueno, chicas, ¿habéis preparado todo? - y ante su asentimiento proseguí -. Hoy caminaremos hasta tarde, hasta muy tarde y por Lorien que hoy encontramos algo más que granogrís.


Y caminamos durante horas hacia el este, adentrándonos en el bosque otra vez, interrumpiéndonos sólo para alimentarnos. Esta vez no apareció el Espíritu del Bosque. A media tarde sólo habíamos encontrado brillogrís y un poco de algo que se parecía al brillogrís pero que era tenía un tono algo más claro.
- ¿Qué creeis que será eso?
- No lo sé, ya verán nuestros artesanos qué se puede hacer con él.
- Parece mucho más pesado que el brillogrís.
- ¿Como el brillogrís pesado?
- No... más.
- Bueno, cuando lo extraigamos ya verán los profesionales qué hacer.
- Bueno, está bien - atajé -. ¿Pero qué vamos a hacer ahora? ¿Volvemos o seguimos?
- Supongo que deberíamos volver.
- Sigamos un poco más - sugerí -, y si no encontramos nada ya ahorramos hacer más exploraciones por los alrededores.

Y así, seguimos hasta casi caer la noche. Llevábamos casi todo el día de caminata y ya no teníamos grandes esperanzas, pero al final de ese día nos encontramos a unos cuántos metros bajo el suelo un yacimiento de brillogrís pesado. Fantástico brillogrís pesado. Y mucho más satisfechas emprendimos el regreso hasta la ciudad a la que, finalmente, llegamos mientras el Sol despuntaba de nuevo.
- Me voy a dormir - dijo Alai. Se veía que no era una persona acostumbrada a ese tipo de esfuerzos -, si no es importante, dejadme dormir; por favor.
Luna también se despidió y se fue hacia casa. Yo, en cambio, me dirigí a casa de Aruala.
- Buenos días, Aruala.
- Buenos sean, Tarik - me respondió con voz dormida, torpe.
- Encontramos brillogrís ligero y pesado - informé con júbilo - y otro metal... más pesado pero de apariencia similar.
- Muy bien, Tarik; me alegro de vuestros descubrimientos.
- Creía que querrías saberlo - sonreí.

Nos despedimos, ella entró en su casa y yo fui a la torre, saludé a Odom que estaba por allí y me tiré en mi cama. No tardé nada en dormirme. Y cuando me desperté, el día estaba muy, muy avanzado.