Google+

sábado, 9 de enero de 2010

Alai:

Di mi clase, tras ir a la de Ber, quien tenía cierta prisa por terminarla aquella mañana y salió del hospital con nosotros en dirección sur. Tal vez tuviera algo que hablar con alguno de los que vivían por allí, como Aruala. Mi clase transcurrió con normalidad y cuando terminó me dirigí también hacia la casa de la susodicha. Me abrió la puerta en cuanto llamé.
- Hola.
- Buenos días - contestó.
- ¿Qué tal la mañana?
- Sin novedades - sonrió. Se la veía contenta aquella mañana, en cualquier caso.
- He estado pensando... - introduje, y esperé su gesto de interés antes de proseguir - y creo que deberíamos explorar el alcantarillado.
Su cara se ensombreció.
- ¿Qué?
- Claro - le expliqué - ¿y si son transitables? ¿Y si hay salidas o entradas secretas por si surgen problemas, y si...?
- Alai, eso deberían hacerlo los guerreros.
- Yo iré igual, v...
- Suerte, dama guerrero - me interrumpió en tono bromista. Añadir luego el "vengas tú o no" que iba a decir habría quedado demasiado mal.
- Prefería avisarte, por lo que pudiera pasar.
- Ve a hablar con los soldados.
- Lo haré, lo haré.

Cuando nos despedimos fui a hablar con Luna. Qué casera era toda esta gente, siempre salía yo a buscarlos.
- ¿Has tenido más visiones? - le pregunté interesada en si habría visto alguna catástrofe en las alcantarillas.
- Sí, vi a unos seres bípedos, con brazos. Eran de piel atezada y ensortijado pelo negro en su cabeza y cuerpo. No deberíamos pactar con ellos.
- Voy a explorar las cloacas en compañía de algunos soldados, ¿quieres venir?
Me miró muy extrañada antes de musitar un "no" bastante tímido. Me despedí amablemente de ella, le di las gracias por la información de la visión y me fui a la torre de los guardias. Tampoco ellos comprendieron de entrada la posible importancia de tener unos túneles transitables por los que huir en caso de problemas, o el caos que podría traernos el hecho de que alguien explorara los túneles y nos atacara desde dentro. Tras mucho discutir enviaron a uno de ellos conmigo. No parecía el guerrero más versado, pero era un hombre fuerte y armado, sería mejor que nada.


Luna:

Había tenido otra visión, una que no inmiscuía - esperaba - a Alai de ninguna manera y tenía que averiguar más. Me dirigí a casa del implicado.
- Hola, Nissit.
- Oh, Luna, hola, ¿qué tal? - preguntó con voz sorprendida.
- He tenido una visión - le dije metiéndome rápidamente en harina.
- ¿Una qué? ¿De qué?
- ¿Puedo entrar?
Y haciéndose un lado me dejó pasar a la que había decidido que fuera su casa.Me ofreció un bastante mullido y sorprendentemente seco sofá y él se apoyó sobre la mesa que había enfrente.
- ¿Por qué huías de la guardia de palacio? - le pregunté sin rodeos.
- ¿Cómo? - preguntó ligeramente cohibido.
- Te vi... - dije sin saber muy bien cómo explicarlo. Sentía la sangre calentando mis mejillas, sabía que me estaba sonrojando, bajé la cabeza para que no se notase tanto, prefería que lo intuyese a que me viese así - te vi huyendo desnudo... de la guardia.
Hubo una pausa, pareció meditar qué iba a decirme.
- Me acusaron de algo que no hice... que no fui así, al menos - al cabo de un rato, ante mi tímida mirada inquisitiva, explicó -: Me acosté con alguien y me trajo problemas.
Me ruboricé más que antes, no sabía muy bien qué decir.
- Hey, no es para ponerse así, mujer; no soy tan peligroso - sonrió acercándose a mí. Me agarró los hombros y me dio un suave beso en la frente. Nissit era un macho hermoso, muy hermoso; eso acrecentaba mis nervios. No sabía qué decir sin que estropease el momento, él, tomando la iniciativa me echó sobre el sofá y empezó a quitarme la ropa mientras sus colmillos viajaban por mi piel, acariciándola con un pequeño matiz cortante. Me sentía excitada, sentía cómo se humedecía mi vagina mientras me tocaba, me lamía y me mordía. Se quitó la ropa y se colocó entre mis piernas, sus manos recorrían mi cuerpo hasta que se inclinó y me besó. Agarró su pene y lo condujo dentro de mí. Y me dolía, me dolía más de lo que quería hacer ver. "¿Por qué? ¿Por qué a mí?". Había oído que esto le pasaba a algunas hembras, pero que no era demasiado común. "¿Por qué a mí? Joder"
Nissit paró, me besó y salió de mí. Me dio la espalda un momento para recoger la ropa y vi un gran número de cicatrices cruzándola. Me dio mi ropa y él empezó a vestirse.
- ¿Y todas... esas cicatrices? - pregunté sin saber muy bien cómo se lo había tomado.
- Supongo que no es el mejor momento para decirlo - sonrió -, pero son cosa de Burhum, capitán de la guardia de palacio.
Esperé unos instantes evaluando las implicaciones. Si aquello salía a la luz él sería un sospechoso evidente. Y no pretendía dejar que fuese así.
- Tranquilo... yo no... vaya, nadie tiene por qué saberlo.
- Burhum no quería que los errores del pasado me condenasen aquí; necesitaba todas las manos posibles para ayudar en la formación del nuevo pueblo. Me dio una oportunidad, pero las sospechas sobre mí serían evidentes.
- Supongo que sí.
- Venga, te acompaño a casa.

Y, cogida de su brazo, caminamos hasta mi casa bajo las últimas horas del Sol.