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jueves, 3 de diciembre de 2009

Regeneración

Ber:

Al día siguiente, Elendir, el mago elfo, aplicó sus poderosos hechizos sobre Tarik y le devolvió el brazo. Como sentía una curiosidad acuciante, estuve presente durante todo el proceso. La alta magia es extraña, sin duda alguna. Primero le abrieron el muñón y la sangre comenzó a manar a borbotones. El olor ferroso de la sangre fresca abrió mis narinas y captó mi atención, pues todavía no había comido. Elendir cogió los huesos de aquel brazo con garras. «Por Lorien – pensé con cierta incomodidad moral». Y de un seco empujón le introdujo la cabeza del hueso en la herida recién abierta y lo removió hacia un lado y hacia otro hasta que consideró que estaba en el lugar indicado. Tarik, pese a estar drogada, apretaba la mandíbula y en las arrugas que formaban sus párpados se podía leer perfectamente el dolor que sentía en aquel momento. Y entonces empezó la magia: entre unas poderosas palabras de raíces similares a las del élfico, con toda probabilidad algún tipo de élfico antiguo, y unos muy concretos movimientos de las manos y, en especial, de los dedos; la habitación se llenó de luz un instante, refulgió cegadora, y un instante después sólo el brazo de hueso y la parte del muñón que colindaba con ella permanecían brillantes, aunque este brillo ya era mucho más tenue y débil. Las articulaciones del brazo de hueso empezaban a verse cruzadas por unos tendones que parecían estar siendo creados, como calcetados a partir de la nada en aquel mismo instante. Cartílagos y primeras capas de músculo. Era una visión bastante desagradable. Miré un momento a Elendir, que mantenía su mágico cantar, y volví a concentrarme en aquel brazo que ya estaba siendo cubierto por una nueva envuelta de piel.

Ahora, viéndolo terminado, resultaba evidente que el brazo era un poco grande de más para Tarik. No mucho, pero sí se apreciaba la diferencia entre uno y otro. No fue hasta entonces cuando me di cuenta de que ella había caído inconsciente en algún momento de la regeneración, pues estaba demasiado inmerso en la contemplación del proceso. Todavía impresionado, me despedí de Elendir y volví al edificio que habíamos rehabilitado como hospital.

Estaba allí cuando Burhum vino a pedirme consejo. Estaba claro que se sentía torpe en su papel de líder, no era tan estúpido como para no darse cuenta. Pero también es cierto que el pueblo no necesitaba otra cosa en aquel momento. Requería un macho fuerte que impusiese y tirase del carro, unos brazos que pudieran alzare en armas contra las criaturas hostiles que nos encontrábamos. Tal vez, en algún momento, se requeriría otro tipo de líder, pero ahora se necesitaba a alguien como él.

- A veces no sé qué hacer, Ber – comentó con tono cansado, casi deprimido.

Yo veía claramente que los pasos a seguir ahora, se reducían a un intento de volver a la normalidad, de intentar rehacer nuestro pueblo: formar una población, defenderla y mantenerla. Cuidarla. El primer paso era evidente y alguien tenía que empezar. Él era un buen principio.

- Eres un macho fuerte y atlético y son machos así los que harán falta en generaciones venideras. Yo creo que deberías intentar dejar embarazadas a varias de las mujeres que hay, para asegurar unos hijos fuertes.

Y entonces hablamos de varias de las hembras que pululaban por la ciudad. Aparte de Aruala, que por razones evidentes atraía a casi todo el mundo, pues era una mujer preciosa, interesante y que en tiempos había gozado de buena posición, lo que incluía una buena educación; factor a tener en cuenta a la hora de desearla como madre de la propia descendencia; parecía interesarle Alai. La historia de cómo había espantado a las mujeres-sierpe únicamente hablando había dado la vuelta a la ciudad. Alai se había hecho famosa por una serie de amenazas. Así es la vida. Burhum también me contó que había organizado guardias, ya que existía cierta sensación de inseguridad y que Tarik, al levantarse, se había ido a una torre en la zona noreste de la ciudad, alejada de todos los demás. «Tan rara como siempre. Y ahora con dos brazos».