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sábado, 12 de diciembre de 2009

Recuerdos

- A cuántos os habrá pasado, digo yo: confiar y ser traicionado. La traición nació casi a continuación de la primera promesa, estoy seguro. Para conseguir nuestros propósitos prometemos, entrenamos, mentimos o matamos, ¿qué importa? Bandidos en los caminos, señores en sus tronos, magos con sus libros... así somos todos.

El alcohol comenzaba a hacerle efecto. Iban dos pintas en muy poco tiempo. El viajero llevaba mucho sin beber, aunque no se le notase a simple vista. Miró a sus oyentes y dudó. ¿Cómo explicarles qué le había pasado? ¿Quién le creería? La magia era ahora una sombra, un reflejo tosco y deslucido de lo que un día había sido la verdadera Fuerza, la energía creadora más vasta y poderosa que pudiese concebirse. Él había tomado parte en aquella magia, había colaborado en su forma y sus capacidades. La había estudiado hasta sus últimas consecuencias. Él, que había visto a millares de criaturas sustentadas por su mera voluntad, que había sido respaldado por enormes criaturas de piedra y acero, que había sometido a los trolls y había visto volar al último de los dragones. Él, que había hecho tantas cosas, era ahora un pobre hombre, un viajero sucio y pobre que deambulaba de pueblo en pueblo, viviendo de la caridad de las gentes. Él, que lo había tenido todo, observaba ahora el mundo que se abría al otro lado del cristal: el de los desheredados, el de la gente normal; el del feudalismo y el campesinado, el de fábrica y proletariado. Siglos de magia... siglos de dominaciones y lecturas no habían ejercido un efecto tan patente sobre la mente de las personas. Visto en perspectiva, los magos habían tenido su oportunidad y la habían desperdiciado. Se había impuesto el oro y la política, se había impuesto la manufactura y la industria.

- ¿Estás bien?

- Sí, disculpad - se excusó el viajero - solo recordaba las palabras de un viejo amigo.

Y ante las inquisitivas miradas de los presentes, prosiguió:

- Esos truenos acabarán con vuestro reinado. Solo espero que nosotros consigamos adaptarnos.

Hacía unos diez mil años de aquello. Al menos - reflexionó - su amigo y sus hermanos sí habían conseguido adaptarse.