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lunes, 7 de diciembre de 2009

Qué quieres decir?

Me planteaba cómo hacer las cosas, desposeída de mis viejos sueños. Sí, tenía un nuevo horizonte ante mí, un horizonte no explorado en el que podía, prácticamente, hacer lo que se me antojase. Pero las posibilidades eran tan amplias que me llenaban de dudas, me dejaban sin saber qué hacer. Pensaba en hacer un nuevo jardín, con todas aquellas plantas que nos íbamos encontrando, todo aquello que parecía sacado de un extraño sueño.

- Hola, Aruala – me dijo Alai con una sonrisa agradable.

Le devolví cortésmente el saludo.

- Había planeado hacer ciertas cosas y supongo que tu mano experta es la mejor de las opciones.

La miré dubitativa, sin saber a qué se refería.

- ¿Cómo?

- Me gustaría que me ayudases en mi jardín privado – dijo, todavía con la sonrisa en su boca.

La miré más dubitativa que antes. Alai era una hembra bonita, tal vez no destacase por su belleza; pero había que reconocer que tenía algo que llamaba la atención, que atraía. Y lo que creí que era una sutil insinuación… me agradó. No obstante me sorprendía que me buscase concretamente para ello. Siempre fui una mujer agraciada, supongo que cualquiera podría confirmarlo, pero las relaciones homosexuales siempre se contemplaron como algo muy extraño entre los cottar y eran cualquier cosa menos comunes. Este tipo de proposiciones resultaban, al menos, sorprendentes.

- ¿Disculpa? – pregunté, sin poder ocultar mi sorpresa.

Alai pareció dudar, lo que podía jugar a favor o en contra mi interpretación de los hechos.

- Que me gustaría contar contigo… para mi jardín. Sería un placer tenerte allí, quiero cultivarlo bien, una fuente manando en el centro…

Las dudas al respecto se iban disipando. La metáfora era evidente y ella era una ciudadana respetable, inteligente y tenía aquel extraño atractivo…

- Cuenta conmigo entonces – le sonreí.

Me comentó que había anunciado unas clases en las que enseñaría algo de cultura general del viejo reino, algo de botánica, algo de zoología, algo de medicina. Donde se prepararía a los que no habían tenido oportunidad, así como a los niños que fueran naciendo.

- ¿Quedamos mañana, entonces? – preguntó.

- Allí estaré – le sonreí.