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jueves, 31 de diciembre de 2009

Extraños encargos

- Irás allí y le obedecerás en todo lo que diga. Puedes discutir con él, puedes aconsejarle e intentar modificar sus decisiones, pero si pese a todas tus palabras, te da una orden; la cumples.
- ¿Y si me ordenada matar a un inocente?
- Lo matas.
- ¿No contraviene eso el Código?
- ¿Cuál es la primera norma?
- Obedecer las decisiones de los cargos superiores.
- ¿Soy un cargo superior?
- Sí, maestro.
- Pues, entonces, cumple las órdenes.
- ¿Por qué, maestro? ¿Por qué esta misión?
- Necesitamos a un observador cerca de él, saber qué va a hacer y cómo. El Sabedor sólo ha dicho que no morirá bajo nuestra espada a las preguntas del Gran Maestro, así que te hemos elegido para seguirlo vaya a donde vaya, para estar con él y mantenernos informados.
- ¿Y si me ordena algo contra otro hermano?
- ¿Qué te he dicho?
- Que, si no logro convencerlo de lo contrario, cumpla sus órdenes.
- Muy bien, parece que no eres tan estúpido; debe ser sólo rebeldía principiante.
- ¿Y si me ordena cargarme a alguien importante, joder!?
- Entonces, suerte.
El pupilo suspiró con resignación.
- ¿Cómo acabará todo, maestro?
- Te pediremos que lo mates o que vuelvas a la montaña.
- Si eso sucediese...
- Entonces no podrías dejar ninguna prueba de que ha sido un brujo. Usa a tu demonio o utiliza el ambiente que os rodee, hiérete intentando protegerlo, lo que sea. La Orden no puede quedar en entredicho. Nunca.
- Sí, maestro.
- Ve, hijo.