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sábado, 21 de noviembre de 2009

Tentáculos

Y, efectivamente, allí, en la ladera, a cierta distancia de la línea de árboles, había una cueva. Había grandes piedras junto a la puerta y… y una criatura algo más grande que cualquiera de nosotros en el umbral. Nos examinaba con los blancos ojos, solo alterados por un minúsculo punto negro central en su cabeza casi esférica. Los tentáculos, que pendían de lo que debería haber sido su mandíbula, se agitaban, tal vez con nerviosismo. Nos acercábamos, y no parecía que su tamaño nos echase para atrás.

El bicho gruñó con actitud intimidatoria. Podía pesar unos 250 ó 300 kilos y parecía realmente fuerte.

- Alai, ve a hablar con él para que se vaya sin más – le dije. Ella me miró consternada. Yo, intentando mostrarle confianza, pues estaba todavía encantado con su trabajo con los semireptiles el primer día, le insté –: Es tu trabajo, ¿no?

Y ella se acercó con paso lento, intentando no resultar hostil; pero aquel ser tentaculado no pareció interpretar bien su tranquilo caminar y estiró los brazos para agarrarla. Cuando la tuvo sujeta la llevó hasta él y llevo los tentáculos hacia su cabeza, escogiendo puntos concretos del cráneo.

Desenvainamos sin vacilación y cargamos contra él. Alai se revolvió en un movimiento brutal, facilitado por una descarga de adrenalina y se arrancó de las manos del Tentáculos, en su cabeza podían verse marcas sanguinolentas donde aquellos misteriosos tentáculos habían intentado perforarle la cabeza.

Las cimitarras marcaban una danza en torno al bicho, haciendo incisiones, más profundas unas y menos otras. Mi espada le cruzó una de sus extremidades traseras de un lado al otro, aunque sin grandes consecuencias y él nos repartió unos puñetazos bestiales. Me cortó la respiración de un seco golpe. Mis costillas se resintieron, aunque aguantaron. La espada flaqueó en mi mano mientras Kshandra era arrojada al suelo por el impacto y boqueaba. Tentáculos se giró hacia mí y, entonces, una Flecha bendecida por Urruk, que estaría orgulloso de nuestra valentía, pasó a mi lado, a 15 centímetros, quizá y le atravesó el ojo izquierdo, penetrando profundamente en su cabeza de aspecto gelatinoso. Me salpicó algo, de consistencia más densa que la sangre. Aproveché para dar un paso atrás y reafirmar mi espada. Él, en un rápido movimiento cogió una de las rocas que había a su lado y la lanzó con fuerza. Me agaché instintivamente, escuché un grito a mi espalda, pero en aquel momento no importaba, nada importaba; sólo yo y el monstruo, sólo yo y mi espada, y de un rápido movimiento quedé en una posición perfecta para hundírsela en el pecho. Clavé con fuerza y retorcí cuanto pude, hasta que las costillas de aquella criatura me detuvieron y cayó, sin fuerzas, hacia atrás.

Cuando me di la vuelta vi que los demás había recogido a Luna, cuyo arco aún se podía ver a unos metros, tirado en el suelo. Suya había sido la flecha, y ella había recibido el impacto del pedrusco. Estaba bastante mal, era evidente y, seguramente, sin la magia curativa de Kshandra no lo hubiese contado. Quedó allí, tendida, mientras el mana curaba sus heridas y Alai y yo hacíamos una camilla con hojas, plantas y palos. Kshandra se arrodilló junto al cadáver del monstruo, separó algo en sus heridas con un cuchillo y se lo llevó a la boca. Aparté la vista y contemplé a Luna, llena de hematomas y contusiones por el impacto, tendida en el suelo. Tarik, que se había adentrado en la cueva, salió con un brazo izquierdo arrancado y una enorme sonrisa de felicidad. Lo cierto es que el brazo se parecía bastante al nuestro, aunque de otro color, algo más largo y terminado en garras, pero era un brazo en toda regla, y tal vez aquellos dedos pudiesen articularse sin ser entorpecidos por las finas garras que asomaban por encima.

- A ver si con esto puedo recuperar el brazo.

Terminada la camilla recé a Lórien para que nos ofreciese un viaje tranquilo y, visto lo visto, debió de oírme. Una semana de viaje sin contratiempos, con una Luna que despertaba sólo breves instantes al día, que estaba débil y a la que no le sentaba nada bien el frío que nos rodeaba y cinco individuos más que caminaban cansados y con ganas de llegar a algo que considerar hogar. Nuestra llegada fue un momento realmente feliz: llevamos a Luna al hospital, la dejamos con Ber; su estado era grave pero ya no tenía grandes complicaciones. Tarik desapareció nada más llegar, dirigiéndose a la cabaña de Úlvien. El resto, agradeciendo la posibilidad de un descanso seguro, nos retiramos a unas reposadas horas de sueño.

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Lo siento por todos los que lleguéis aquí buscando hentai, pervertidos.