Google+

jueves, 15 de octubre de 2009

Estúpidos humanos

A veces, solo a veces, uno cree que una especie ya no puede empeorar. Todos lo pensamos antes del holocausto, cuando los humanos se enfrentaron contra todos los que no eran como ellos. Cuando expulsaron a unos y a otros, cuando los mataron a todos. Triste y estúpido, sin lugar a dudas.

Los humanos anteriores al holocausto mintieron, engañaron y asesinaron, sí; y triunfaron. Rompieron las alianzas en los momentos oportunos, resistieron como jabatos cuando todo se puso en contra... y al final lo lograron. Reinaron sobre los demás, con mano férrea y cuando ya no pudieron sacar nada de ellos, los exterminaron. Esos fueron los primeros humanos. Y nosotros, desde nuestra butaca privilegiada, desde nuestra protección natural y mágica, observamos impresionados e indiferentes cómo acababan con todo. Tal vez no fue la mejor de las actitudes, tal vez sí y nos equivoquemos ahora.

Pasaron mil trescientos años desde el holocausto y la situación era similar. Los humanos se imponían, se extendían como un cáncer. Conquistaban, mataban y continuaban. Y nosotros seguíamos observando con tranquilidad. No sé, en realidad, quién fue el primero en levantar la voz, solo sé que un día se dio la orden. Había que rescatar a Lenda, quitarla de las manos del gobernador de Áurea. Aquello desequilibraría la guerra. Sin el apoyo de los elfos continentales, el imperio de los humanos morenos tocaría a su fin, era evidente. Pero era una orden.

Supongo que eso fue lo más destacado que sucedió entre el primer y el segundo holocausto. Cuando una bruja en compañía de unos combatientes isleños sorprendieron al mundo resolviendo la guerra en unas cuantas horas. ¿Cuántas muertes se ahorraron aquel día? ¿Hambre, torturas? ¿Acaso puede ser que no obrásemos correctamente? ¿Neutralidad o evidencia? ¿Quién puede decidir cuál es más justa de las dos?

A veces echo de menos la sencillez de un jardín, las flores, las plantas, el zumbar de los insectos y la caricia de un miaullador en busca de mimos y atenciones. Pero eso ya no existe. Ya no soy aquella hembra, ya no existe aquel jardín. Todo cambia, salvo la estupidez humana.