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domingo, 5 de julio de 2009

Uno

La calle le resultaba angosta, a pesar de tener unas aceras anchas y tres carriles. A aquellas horas de la noche apenas había tráfico. La luz imperante, de color anaranjado, procedía de unas farolas viejas, delgaduchas y en forma de 'L' invertida de color gris.

Apuró el paso. Su sombra se proyectaba en múltiples direcciones debido a las distintas fuentes de luz. La Luna, en lo alto, parecía ser un espectador aburrido, un espectador a punto de cambiar de canal. No le importaba. Su vida no era interesante, él lo sabía. Pero cambiaría. Todo era cuestión de valor, de ganas. Nada puede subyugarte por completo menos la muerte.

La muerte de su hermana en accidente de tráfico semanas antes, la quimioterapia a su madre que parecía no dar resultado, la inestabilidad en el trabajo, la huida de su novia que no podía cargar con los problemas de los dos... problemas que se acumulaban, problemas que lo ahogaban. Pero lo superaría. Todo puede superarse.

- La pasta - de una callejuela perpendicular salió un capullo con una navaja - enga, no tengo tol tiempo del mundo.

¿Algo podía ir peor?


Lo siguiente que recordaba era levantarse en el hospital. Algo en el pecho le dolía horrores. Una cicatriz en el pectoral derecho le recordó lo sucedido. Se había encarado con el gilipollas de la navaja, tal vez por pura frustración, tal vez porque ya no aguantaba más, tal vez por un ideal de lo justo y honorable. Un rápido movimiento de la navaja disipó las dudas. Era mera estupidez. Siempre pensó que sería más doloroso, la sangre empezó a empapar la camiseta y antes de que pudiese reaccionar, una puño se le clavó en el estómago, haciéndole caer con las rodillas en tierra. Después, con fuerza, una bota se dirigió hacia su cara. Y ya no recordaba más.

Maldito hijo de puta, pensó.

Minutos después llegaron el resto de noticias. A veces es mejor no despertar, dicen, tal vez fuera mejor no haber despertado. Nunca.