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miércoles, 29 de julio de 2009

Seis

El mundo se iba a acabar al día siguiente. Era su estilo de vida, tal vez mañana se torciese todo y la inundase el más amargo de los fracasos para siempre. Tal vez, pero mientras viviría al máximo. Su vida no tenía frenos y ella no tenía reparos.
- Tiene usted un currículum impresionante, señorita.
- Lo sé - sonrió.
- ¿Qué cree que puede aportar a esta empresa?
- Soy una persona capaz, inteligente y no dudo en hacer lo necesario para cumplir mis objetivos - contestó con una sonrisa sugerente.
El entrevistador tragó saliva mientras intentaba no fijar su vista en el escote de la mujer.
- Ehm... hábleme de su experiencia previa en el campo de las relaciones públicas.
- Me ocupé de la relación con los medios de comunicación para diversas empresas, citadas en el currículum, he asistido a docenas de conferencias y reuniones, he escrito mails a personas importantes... un poco de todo.
- ¿Cómo acabó fuera de dichas empresas?
- No me podían ofrecer más... había tocado su techo - respondió mientras se apartaba un mechón de pelo con un gesto juguetón y se revolvía en la silla, mostrando más, si cabe, su escote.
- Es... una... respuesta un tanto... arrogante, ¿no cree? - preguntó el entrevistador atragantándose con cada palabra.
- Es una respuesta sincera y usted lo sabe. Soy la persona que busca... y también lo sabe. Y esto es un convencionalismo para verme en privado, ¿me equivoco?

Y se hizo el silencio.
- ¿Dónde te ves dentro de cinco años?
- Acariciando un techo con el que me encuentre satisfecha... - dijo acompañando la frase con un grácil y suave movimiento de su mano derecha, como si acariciara algo.

El entrevistador echó unas cuantas firmas a diversos papeles.
- Puede... firmar aquí y aquí - finalizó.

Ella firmó.
- A partir del lunes a las ocho.

Ella sonrió.
- Aquí estaré.

Y se dio la vuelta con un sensual giro, todo gracia, y salió del lugar con una sonrisa triunfal. Dentro quedaba un hombre que, sin saber por qué, se sentía desolado, vacío, solo.