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martes, 14 de julio de 2009

Dos

En su mente, su melena negra ondeaba al viento mientras una fina lluvia caía y empapaba el suelo, embargando el ambiente con el aroma de la tierra mojada. La miraba, en su imaginación mantenía su cuerpo perfecto, sus pechos se averiguaban firmes bajo la ropa que se empezaba a mojar, pegándose al cuerpo y sus piernas estilizadas y de músculos definidos parecían dominar el mundo, subyugarlo, parecía pisarlo con intención dominadora. Él estaba embelesado, la adoraba. Se imaginaba todo su cuerpo empapado, con las gotas recorriéndola desnuda. Y no existía nada más. Sus manos se movían lentas hacia él, invitándolo; su pubis cubierto de vello corto y negro era una tentación que incitaba a traspasar las fronteras del deseo.

Cuando volvió a la realidad, vio la cara de su interlocutor al otro lado de la mesa, entre el ruido de la máquina del café y de los demás clientes. Parecía expectante y un poco nervioso. Él sólo notaba incomodidad y tensión en la entrepierna y la acuciante preocupación de que su amigo pensase cosas muy raras sobre su sexualidad.

Joder, debería centrarme. Esto me pasa por...

- ¿Qué, tú que crees que... - comenzó.

Mierda, pensó, mierda, joder, no me enteré de nada.

- ¿Disculpa?

- Sobre... bueno, ya sabes, sobre lo de qué hacer.

- Con... - comenzó esperando que él terminase la frase.

- Con mi novia, joder.

- Déjala - se arriesgó.

- Sí, supongo que será lo mejor... ¿pero cómo?

Qué suerte tengo a veces, pensó.

- Ya sabes... estas cosas son siempre iguales.

- Ya... pero...

- Piénsalo en frío y, lo que decidas, adelante.

- Supongo que tienes razón.

- Claro que tengo razón - sonrió el otro.


Cuando el primero se quedó solo, inclinó la silla. Se balanceó a punto de caerse. Nadie le dijo nada, no se cayó y, finalmente, se incorporó, se acabó el café y se fue a casa.

El camino fue tranquilo, al llegar a una callejuela con un tío que se dirigía hacia él, aceleró el ritmo y pasó de largo. Ya lejos le pareció oír unas palabras amenazadoras. Siguió adelante, el mundo era un lugar duro y los héroes acababan muertos, o peor.