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martes, 23 de junio de 2009

El Barco de los No Muertos [UHdP]

Resultó que los elfos no solían ofrecer nada por lo que se daba al reino, salvo el favor que uno se podía ganar haciendo tributos a la ciudad. Así, por la promesa de un favor, el barco se ofreció a la ciudad de Principale y Eilis recibió el tributo con la más bella de las sonrisas. Su rostro altiva encajado por una melena lacia y negra y sus grandes ojos verdes, alegres y orgullosos.

Al le pidió a su artillero y alquimista, el oficial Azrik, que intentase estudiar cómo podrían lanzar agua bendita sobre la cubierta de otro barco y, ya puestos, como podría mantenerse ésa ventaja llegados al cuerpo a cuerpo. Por la noche, los oficiales y el capitán fueron a la fiesta. Era una casa grande y bonita y dentro había mucha gente charlando y saboreando vino y queso. Unas personas parecían claramente más integradas que otras, estaban los capitanes de todas las naves y muchos oficiales.
- Saludos, señor Al – dijo uno de los que los había invitado – me alegra ver que habéis venido.
Intercambiaron unas cuantas palabras más y luego, ese mismo elfo, se alejó con Tórquero:
- Ven, te voy a presentar a unas amigas.

Mientras sus compañeros se dispersaban entre las mesas con comida o entre la gente, Tórquero era conducido hacia un pequeño grupo de mujeres constituido por 4 elfas y una elfa negra. «¿Querrán reírse de mí», dudó. Al llegar, lo saludaron y examinaron de arriba abajo. Varias sonrieron.

Un bardo empezó a tocar, los hombres empezaron a sacar a las mujeres a bailar. La drow rechazó a varios antes de que desistiesen en su empeño. Tórquero y ella hablaron un rato más antes de que ella dijese:
- Odio este tipo de alborotos, ¿me acompañas fuera?
Y la acompañó hasta la balconada donde se quedaron hablando tranquilamente.
Dentro el ambiente se animaba, Satine se había unido al bardo que estaba tocando y ahora sonaba un dúo rápido y alegre. Oliveth sacó a Martha a bailar y la guió, aunque pararon pronto. Martha se sentía ridícula bailando. Al hablaba con Xantha, capitana del Roble Marino, sobre barcos animadamente y fue el único que se dio cuenta de cómo Tórquero abandonaba el lugar con Nessa Nemancyl, la elfa negra capitana de la Muerte Salada. Luego, él y Xantha bailaron, con inesperada habilidad notable.

La música se fue calmando, Oliveth se fue con Martha a tomar algo antes de volver al barco, Al se quedó con Xantha hablando y bebiendo, sorprendido del aguante de la esbelta elfa, Satine, que había recibido aplausos hasta la saciedad, fue la primera en regresar a bordo. El resto fueron regresando a lo largo de la noche.

En el barco, Sven, el corsario incorporado por sugerencia de Eilis Nayael, hablaba con Azrik sobre las ideas que había tenido. Para barrer la cubierta había pensado en utilizar las bombas de achique y dirigir el agua propulsada a través de los cañones, y para la llegada al cuerpo había pensado en unos pellejos de gran tamaño, colgados a la espalda como si fueran mochilas, con un pequeño tuvo desde el que dirigir el agua presionando la bolsa y con un pequeño artefacto que las hace explotar ante un fuerte golpe, como arrojarlas al suelo o recibir un impacto. Discutieron las virtudes e inconvenientes de las ideas y probaron una de las bolsas explosivas en la cubierta del barco. Satisfecho con el resultado, Azrik decidió ir a dormir. Lo necesitaba. Sven siguió en su turno, como le correspondía.

Al día siguiente, Jaina se levantó pronto y abandonó su camarote. Vio los pedazos empapados de bolsa y pensó en lo desordenada que podía llegar a ser la tripulación. Hay un dicho que recalca que los magos no han nacido para el mar, que necesitan orden y estabilidad. El dicho tiene razón. Jaina se acercó a recoger los pedazos y al contacto con uno sintió como la carne le empezaba a arder y fue incapaz de contener un horrible grito.
- ¡Joder! ¡¿Qué coño es esta puta mierda?! – tronó, bastante distinto de cómo suelen expresarse los magos.
El hecho de que fuera un experimento de Azrik, tal como le informaron, no consiguió que le pareciera mejor.
- Estas cosas se recogen, joder, se recogen, para que no pasen… accidentes.
Al, que ante el grito había salido armado de su camarote, dijo que, de todos modos, al menos funcionaba y que Azrik había hecho un buen trabajo. Jaina contuvo el aire y la furia y todo quedó en una mala mirada. Al volvió a su cama, Jaina se fue calmando con el transcurrir de las horas.

En una cama, en la Muerte Salada, Tórquero se despertaba. Se la había… bueno, a decir verdad, se lo había follado ella un par de veces tras una primera actuación que a Tórquero no le había parecido mala en absoluto. Sonrió para sus adentros recordando la canción de Alejandro sobre las chicas drow. Ella estaba leyendo, todavía desnuda, incorporada en la cama. La miró, ella desvió su mirada del libro, dudó un instante, dejó el libro a un lado y se puso encima, a horcajadas.
Cuando Tórquero salió de allí, silbaba la cantinela del bardo y pensó que nunca una canción había dado tan en el clavo. Llegó al barco, el Sol ya brillaba con orgullo y fuerza. Lo saludaron y contempló el mar. «Eolo, me has traído aquí – pensaba –, has bendecido el viaje con vientos favorables, nos has ayudado… las cosas nos van bien… como enemigos del Imperio. ¿Qué he de entender? ¿Qué…».
- Saludos – dijo una voz desde la pasarela.
Tórquero se volvió y vio la figura de Inathrae.
- Saludos, capitán Inathrae. ¿Qué desea?
- Quiero hablar con el señor Al, ¿se encuentra disponible?
Uno de los hombres de la tripulación fue a llamarlo y Al vino ya correctamente vestido, aunque un poco despeinado. Llevaba un tiempo despierto.
- Saludos, Inathrae.
- Saludos – dijo, dejando morir la palabra durante unos instantes, como si agonizase –, verás… tengo un plan que ofrecerte.
- Usted dirá.
- Quiero atacar el Barco de los No Muertos.
- Nosotros también pensábamos hacerlo – contestó Al incapaz de reprimir una pequeña sonrisa.

Y, así, discutieron sobre el plan a seguir, sobre cómo se llevaría el ataque si iba bien o si iba mal, sobre quiénes cargarían en primera línea y sobre la tripulación de la Flecha que participaría. Inathrae, que tenía más datos sobre el Barco, recomendó llevar una sola nave, lo que, en principio, podía parecer extraño, pero, según explicó se debía a un aura de terror que emanaba del barco que hacía que los marineros intentasen huir y separaban los barcos y luego, de algún modo misterioso, el Barco de los No Muertos los arrasaba uno por uno. Al le comentó los avances de Azrik, Inathrae sonrió contento de contar con tales artilugios y decidieron partir cuando todos los artilugios estuvieran hechos e instalados. Por otro lado, parte del plan consistía en acabar con el mago de a bordo que, por lo que sabían, podía ser un Liche con una Flecha Mortal para no muertos. A pesar de lo caro de estos objetos, no podían arriesgarse, todo tenía que salir al milímetro, ayudado por el hechizo guía de Jaina y confiar en la muerte del capitán del Barco de los No Muertos. Y así se hizo: el 28 del tercer mes de 1211, el Mar Embravecido, orgullo de la flota real de los elfos independientes de las Islas del Violín, zarpaba en colaboración con parte de los tripulantes de la Flecha Marina y del Cazador en busca de aquella maldita nave. Entre los 30 hombres de la Flecha Marina que participaron, se incluía el grimlock, que se llamaba Nguema y que, por alguna razón, había decidido volver. Aquello de sentir todo lo que pasaba en la nave, debía de darle una sensación de comodidad y tranquilidad.

Tardaron cuatro días en encontrarse el barco en una de las zonas en las que solía atacar. Apareció al atardecer y la oscuridad se impuso a ritmo increíble, aquella no era una oscuridad natural. Azrik se llevó a sus cañoneros a una de las bandas:
- ¡Preparáos y atacad cuando dé la orden! – les gritó.
El Barco de los No Muertos se acercaba, Inathrae estaba junto a Jaina con el arco en una mano y la flecha preparada. Cuando los cascos chocaron, un batallón de esqueletos saltó ágil y veloz y empezó la lucha. Las espadas hacían saltar huesos por todas partes, la primera línea del Mar Embravecido golpeaba con saña, Nguema arrojaba esqueletos directamente abajo mientras Al hacía bailar sus espadas en una danza de tajos y astillas. Sven, desde los palos, arrojó una de las mochilas, haciendo que varios esqueletos cayesen terriblemente deshechos. Al fondo, en el castillo de popa, unos alip parecían observar la situación antes de decidirse. Mientras, unos tumularios saltaron ágilmente por los palos de un barco a los del otro y empezaron a pelear con Sven y Martha, que se defendía de sus golpes y mordiscos. Dos cañones bañaron la cubierta enemiga con agua bendita, causando terribles heridas y quemaduras a los zombis. Los alip, viendo un poco más claro cómo iba la situación, decidieron comenzó un extraño balbuceo mágico que influenciaba a la gente para que los viese como aliados, y allí se quedaron, con aquella extraña magia. La mayoría de los esqueletos ya habían sido destrozados, los zombis malheridos se caían sobre sus piernas putrefactas y a la vista de un bódak y de un ahogado, Azrik dio la orden de disparar el resto de cañones. El agua bendita por Eolo bañó la cubierta durante unos instantes, aunque no pareció conseguir un efecto demasiado relevante en esta ocasión. El bódak miró a uno de los hombres de primera línea, que seguía a golpes con los esqueletos restantes, que murió en el acto. Y entonces apareció, una criatura alta y estirada cubierta por una envuelta de sombras que se movían y se agitaban como malignos brazos.
Jaina conjuró, Inathrae levantó el arco, puso la flecha y tensó la cuerda. A pesar de ser un tirador curtido en mil batallas, se le veía nervioso, el éxito o fracaso de la misión podía depender de aquella miserable flecha. «Lodveri, no me jodas ahora…».
Y la flecha salió disparada sobre el mar y las cubiertas y se incrustó en aquella masa de sombras, que desapareció casi al instante. Tras unos instantes de dudas, parecieron aceptar la muerte del capitán que presuntamente era un Liche y todos se dedicaron al resto. Algunos sujetos de la primera línea empezaban a ahogarse y todos intentaban evitar al bódak. Jaina dudó. El bódak miró a Al quien soportó estoico su mirada mientras seguía repartiendo espadazos contra los esqueletos. Varias flechas se clavaron en el bódak y el ahogado. El bódak se asomó un poco a la borda y ese instante lo aprovechó Urizen para lanzarlo al mar, pronto desapareció, como peso muerto, entre las aguas. El último fue el Ahogado, que cuando sus heridas empezaban a ser insoportables, se arrojó al mar, varios siguieron ahogándose y Nguema se lanzó al mar, directamente a por el ahogado. Lo agarró con sus enormes manos, incapaz de respirar, y le rasgó el pecho con los pies. Luego, soltando una de las manos le metió un zarpazo en la cara, debajo de un ojo, varias flechas cayeron e impactaron en el ahogado, otras cayeron al mar, no se podía tirar al lado del que estaba Nguema y no arriesgaban. Nguema terminó el asunto con un mordisco terrible y luego, pudiendo respirar al fin, presa ya de la extenuación, se quedó flotando libremente.

Contra todo pronóstico, el ataque al Barco de los No Muertos había resultado perfecto. Los alip viajaron semiprisioneros-semiinvitados hasta Principale con el resto del grupo, donde se haría el reparto del botín.