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jueves, 4 de junio de 2009

Brujo

Asomada por la baranda, la joven Ser de luz contemplaba la inmensidad del mar. Se revolvía lentamente, casi juguetón, mansamente y bajo su superficie perlada de espuma se podía ver hasta metros y metros de profundidad. Las condiciones eran óptimas. Examinó su equipo una última vez: espadas afiladas, dagas afiladas y dispuestas, pociones en el cinto, arpón a su lado, en cubierta. Echó una última calada a la pipa y la envolvió en la capa que tenía junto a las botas. "Aparecerá en cualquier momento. Donde un instante antes no había nada solo habrá muerte y tentáculos. No puedo vacilar". Se concentró, tenía los ojos cerrados y los músculos preparados para saltar ante la primera orden. Y comenzó a llover. Una lluvia fina, ligera, una lluvia de las que uno se da cuenta cuando ya tiene la ropa empapada y pegada al cuerpo. No importa, es una lluvia que deja ver. La bruja toma aire. Todo empieza...