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miércoles, 6 de mayo de 2009

Mundoabsurdo, día 3

El camino prosiguió durante el resto del día y casi todo el día siguiente. Alberto sentía en sus piernas cada minuto de camino. «Lo normal sería coger un coche, está claro» pero no había caminos, solo arboleda… y al fondo las montañas se recortaban contra el cielo. Estaba ajado y de mal humor. Incluso sus incesantes comentarios parecían haber ido reduciendo su tasa de emisión, hasta que…
- ¡Oh, qué extraña esa criatura! – comentó casi en el linde del bosque. Ernest dirigió una mirada indifente y se detuvo de pronto.
- ¡Cuidado, no te acerques!
- ¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! Si es adorable…
- Es una especie en peligro. Podría meternos en problemas.
- ¿Cómo puede estar en peligro una especie tan bonita? – preguntó Alberto conmocionado. Después pensó en linces y en lobos, en tigres y en burros. Y se calló.
- La especie es tan… bonita… que la gente se la lleva para casa – puntualizó Ernest, de tal modo que el término «bonita» sonaba con el chasquido chasqueante de un látigo hundiéndose en el costado. Había vuelto a mirar al frente y avanzaba sin alterar el ritmo.
- Por eso está en peligro.
- Sí, no tiene corazón ni escrúpulos.
- Ya – contestó Alberto con tono casi risueño, sin prestar mucha atención a Ernest, hasta que varios segundos después, cuando rozaba la carencia total de contexto, añadió: - ¿por qué sin corazón?
- Estas arpías malditas van contigo a tu casa y comen de tu mano todo lo que tienes para ofrecerles – comenzó, y esperó a la sonrisa ilusionada de Alberto para finalizar – luego te comen la mano, luego el resto de ti y a los tuyos si andan por casa. Luego comprueba si tus muebles se pueden comer y es entonces cuando sale a buscar a un nuevo hospedador.
- ¡Creía que habías dicho que estaban en peligro!
- En peligro de expansión, obviamente.
- ¿Por qué la expansión es un peligro?
- Mira, en tiempos lo estuvieron los malotes – comenzó Ernest con voz de profesor, aunque ante el gesto de las cejas de Alberto, explicó – Pongo malotus, y todos dijimos, qué graciosos son con sus brazos enormes y sus músculos caídos… ¡y míralos ahora, que hasta en la universidad de magia hay uno! Y estos bichejos son un peligro: nos comen, nos absorben, nos reducen… y aun así, si te miran con sus dulcísimos ojos, aun sabiendo todo esto, te los llevas a casa. ¡Menudas son las hipnozorras!
- ¿Las qué?
- Su descubridor las llamó Bolitas peludas de los siete cielos pero como el nombre era muy largo se fue deteriorando y reduciendo, y cuando al fin se conoció su ciclo vital… se decidió acuñar el término de hipnozorra. Psicovulpes, para los estudiosos. Por comodidad, ya sabes.
- ¿Nos está mirando?
- ¿Eh? Diría que sí, pero es es… ¡oh, mierda!

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¡Primer acercamiento a MA desde el 13 de Febrero!