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martes, 26 de mayo de 2009

Flecha Marina, pt.1 [UHdP]

La Venérea en cabeza, seguida a unos trescientos metros por el Doblón bordeaba la línea de costa dejando un margen a prueba de rocas y demás escollos. En el cielo empezaron a congregarse bancos de nubes, y una cortina de densa lluvia puso fin a la ya escasa luz del Sol. Fue durante el turno de noche, con Oliveth al mando, cuando el viento alcanzó un punto insostenible. Oliveth gritaba ordenes varias y maldecía en élfico. Los marineros intentaban dominar el barco sin ser arrojados por la borda en su violento bamboleo. Cuando llegó el punto en que la tormenta resultó incontrolable, Oliveth gritó fuera de sí.
- Arriad las velas, joder, ¡las putas velas! – seguido de lo que, a todas luces, era un taco en élfico.
El Doblón había desaparecido hacía horas del campo de visión, en parte por la oscuridad, en parte por la lluvia y, cuando el elfo tuvo que hacer sonar la campana para llamar a cubierta a los durmientes, se preguntó por su suerte. «Es un barco recio y ancho, tal vez se mantenga en una situación mejor que la pobre Venérea».
Al fue de los primeros en llegar, aunque había notado desde la cama el fuerte vaivén al que estaba sometida la nave. La tripulación salió a cubierta ayudando en lo que podía y cumpliendo las órdenes que se les daban, sin dudar, sin discutir. Algunos fueron a la bodega a trabajar en el agua que entraba a través de las fisuras entre las tablas. Gritos y un profundo ajetreo hasta que la feroz galerna amainó, ya cerca de la salida del Sol.

En aquel momento, bajo el brillo casi paralelo de los primeros rayos, cuando al fondo, en perfecto estado, pudo vislumbrarse la figura del Doblón que, al menos a priori, parecía en mejores condiciones que la Venérea. El resto del viaje se produjo sin contratiempos. León Rice, el marinero con armadura completa, se ocupó, dado que había manifestado sus conocimientos de carpintería. Tras evaluar la situación dijo que el barco aguantaría perfectamente hasta puerto y que luego necesitaría unos cuantos días en dique seco. Efectivamente, su predicción acertó y cuatro días después, ambos barcos llegaron al gran puerto de Úvier. El Doblón quedó en uno de los muelles mientras que la Venérea fue llevada hasta el dique seco donde se procedió a evaluar los daños del casco. León no dedicó demasiado tiempo a su evaluación.
- Capitán Ellivreeb, ¿cuán tiempo lleva esta nave sin carenar?
Ellivreeb pareció dudar y se calló un «¿carequé?».
- No tengo la menor idea, señor León. Compré el barco hace muy poco.
León se mordió la lengua. Se contuvo.
- Necesita ser carenado, aparte de reparar las vías de agua que abrió la galerna.
- Carene, señor, carene; para eso se le paga.
Y mientras las partes a las que no tocaba trabajar de la tripulación se dedicaban a descubrir Úvier, León, Grigorius, que decidió ayudarlo, y aquellos que estaban de turno, se dedicaron afanosamente a la reparación de la Venérea.