Google+

lunes, 11 de mayo de 2009

Brujo

- ¡Nadie dijo que esto fuera fácil, joder!
Los críos corrían y saltaban hasta la extenuación. Sus mejillas se coloreaban, sus brazos flaqueaban.
- Si eso fuera una espada te habría partido a la mitad. ¡¿Queréis prestar atención de una puta vez?!
Los críos se movían frenéticamente, al borde de sus reflejos, intentando evitar los palazos de los maestros.
- ¡Más brío! Podría plantearme quince defensas en ese tiempo. ¡Brío, brío!
Las maderas chocaban clavando astillas en las manos, incluso a través de los guantes de cuero. Los dedos sangraban por el impacto. A nadie parecía importarle.
- Venga, solo unos minutos más.
Los niños ya no podían con el cuerpo. Se movían tambaleantes, sin discutir la orden. Las espadas chocaban, los críos saltaban y corrían, se giraban, fintaban. Daban y recibían. Sangraban. Pero nadie discutía.
- Suficiente. Podéis parar para comer. Aquí dentro de una hora. Y ni un minuto más.




- Concentráos. ¿Podéis sentir el rumor del viento? Habla de guerra, habla de muerte. Los muertos hablan con el viento. ¿No los oís? El viento nos habla de sangre, con su olor a hierro; nos habla de muertos, con su olor a podrido. Es el viento del oeste, donde los humanos arrasan a los elfos y a los enanos, sobre las ruinas de los cottar y los doranos. ¡Atended ahora a las flores! ¿Qué os dice?
- Habla de renovación, de que en cualquier lugar puede volver a surgir la vida.
- Sí, bueno... bastante bien. Habla de que está bien alimentada, alimentada de sangre y de muerte. Alimentada de destrucción. Una fuerte vegetación es la muestra de un gran campo de batalla. Hoy son guerreros, sí, mañana son plantas. Un brujo no debe ser planta. Nunca. Debe seguir vivo hasta el final o morir en defensa de la Montaña, donde nada crece, donde el brujo es brujo o aire. Ahora, sentid el tacto del suelo.
- Nos habla de los muertos, de la materia blanda de los muertos que mullen el suelo.
- Muy bien, pequeño. La muerte nos rodea. Las civilizaciones se matan entre ellas, sí, pero vuestro cometido es otro, bien lo sabéis.




- Hace ya un tiempo que aprendisteis a dar forma al alma para crear un ser más allá de la vida y la muerte: un demonio, condenado al infierno por toda la eternidad, salvo aquellos breves lapsos de tiempo en que nos esforzamos en sacarlos. Esos demonios son los amigos más fieles que un brujo puede encontrar fuera de la Gran Montaña: leales hasta la muerte e incorruptibles a la razón o la magia. No obstante, aunque sepáis crearlos, ahora viene el siguiente paso: hay que aprender a convocarlos. Primero tenéis que intentar acceder al infierno. Sabréis que estáis ahí porque dejaréis de tener nociones sobre el espacio y el tiempo. El infierno es un lugar peligroso porque uno puede quedarse atrapado sin sentir nada, perdido en un vacío sin sentido, completamente incognoscible. No sería ni el primero ni el último que intenta acceder a su demonio y no es capaz de volver atrás. Así pues, memorizadlo bien. Canalizáis, controlando, y cuando notéis falta de sensaciones os paráis. ¿Cómo sabréis que os detenéis si no podéis sentirlo? Es cuestión de voluntad. Queréis parar y os paráis. Así funcionan las cosas allí, ya que no es vuestro cuerpo el que entra en el infierno, sino que solo puede acceder vuestra consciencia, y ésta se limita únicamente por vuestra voluntad. Bien, ahora voy a pasar a explicaros cómo se selecciona a vuestro demonio y se lo hace aparecer a vuestro lado en el mundo. En primer lugar...




- Sentid los latidos en vuestro pecho. ¿Notáis cómo fluye la sangre, como recorre cálida los vasos y llega a las distintas partes del cuerpo? Sentid cómo se oxigena en los pulmones. Ahora prestad atención al aire. Inspirad lenta y controladamente, ¿sentís el aire frío de la montaña entrando por la nariz y deslizándose por la parte anterior de la garganta? ¿cómo se dirige irremisiblemente a los pulmones y los llena a la par que se hincha el pecho? Ahora fijáos en cómo se tensan los músculos del pecho cuando inspiráis, en cómo arrastran consigo los músculos del abdomen. Bien. Ahora, concentráos, visualizad el corazón, una bomba con cuatro cámaras que impulsa y recibe sangre. Está ahí, en el centro del pecho, sentidla. Bien. Ahora controladla. Es cuestión de voluntad, muchachos. Ralentizadla. Así. Ahora controlad vuestros pulmones, el aire que entra y sale. Disminuid el balance de aire. Muy bien. No está mal para empezar. Pronto podréis luchar mucho después de que los combatientes más resistentes caigan extenuados y focalizar vuestra energía. Una vez más...




- ¿Qué hacéis en caso de encontrar a un Hombre lobo?
- Usar plata.
- ¿Cómo?
- Preferentemente en polvo, reduciendo completamente nuestra respiración y haciendo que la inhale y se le adhiera mortalmente a los conductos respiratorios.
- Bien, muy bien. ¿Cómo se lucha contra un vampiro?
- Preferentemente se convoca al demonio para que lo encare pues muchas de las aptitudes sobrenaturales de los vampiros solo afectan a seres vivos.
- ¿Qué más?
- ¿Intentar inmovilizarlo hasta que salga el Sol?
El maestro se rió sonoramente.
- Eso suena un poco difícil, ¿no creéis?
- Madero en el corazón.
- Muy bien, chico. Recordadlo, si os encontráis un vampiro: demonio encarado y madero en el corazón. Muy bien.
- ¿Qué pasa ahora si tenéis que luchar contra un mago?
- Un brujo no mata seres civilizados.
- Sí, muy bien, pero... ¿y si por razones que escapan a vuestro control tenéis que enfrentaros a uno?
Los aprendices de brujo parecieron dudar, mirándose unos a otros. Finalmente, una joven ser de luz, sugirió:
- Desenvainar y atacar, para matarlo antes de que consiga conjurar.
Varios de los jóvenes se rieron, conscientes de que el maestro pedía una técnica concreta o un elemento de utilidad. La ser de luz los miró un instante y volvió a mirar al maestro.
- Sí, ésa es la mejor estrategia posible, realmente; al menos en un cara a cara. Pero, ¿y si fuera un archimago tan poderoso que pudiese conjurar a velocidad de pensamiento?
Y se hizo el silencio. Los alumnos se miraron y, esta vez, ninguno respondió intuitivamente.
- En ese caso - concluyó finalmente el maestro -, aunque duela, lo único que se puede hacer es interponer al demonio entre vosotros y el archimago e intentar estar siempre muy cerca de él para que no requiera a conjuros que arrasen áreas. Luego, aprovechando el momento en que la esencia abandona sus cuerpos en forma de magia, golpeáis. En ese golpe tenéis que concentrar toda vuestra fuerza y vuestras ganas de sobrevivir porque la vida os va en ello y porque vuestro demonio se ha sacrificado para daros la oportunidad. ¿De acuerdo?
Los jóvenes asintieron.
- Bueno, y ahora, volviendo a los temas previamente dados... ¿qué hacéis si os atacan los grifos?