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lunes, 18 de mayo de 2009

Albos 6, pt. 2

Dreva y Daga lo miran entre impactadas y molestas. Albos se encoge de hombros mientras esboza una ligera sonrisa.
- Vamos, vamos; sin rencillas. Eso ha quedado atrás, ¿no? Ahora soy uno de los vuestros.
- No tienes porque faltar al respeto de los muertos - cortó Daga con tono huraño.

Una enorme criatura brillante, con espinas en sus articulaciones, se aproxima a ellos en solitario. Desarmado, vestido con unas toscas telas, el ser de luz levanta las manos con las palmas hacia los humanos mostrando su buena voluntad.
- Saludos - pronuncia con voz gutural, en humano.

Los tres lo miran enormemente sorprendidos, habiendo esperado tener que hacer el esfuerzo de hablar en la lengua del Pueblo brillante.
- Saludos - contestó Dreva -. Venimos desde...
- Lo sabemos. Sabemos quiénes sois y de dónde venís. Nuestros exploradores os encontraron de camino y os siguieron. Os damos la bienvenida, Albos de Roma, y Dreva y Daga de Eirenar.
Albos enarca una ceja sorprendido por el hecho de no haber detectado a unas criaturas que, en la oscuridad, brillan como velas de dos metros.
- Querríamos...
- Queréis hablar con uno de nuestros líderes, lo sabemos.
Dreva suspira, incapaz de contener un gesto de cansancio.
- Espero no haberos molestado, pero la retórica humana me resulta vacía y sin sentido.
- Bueno - insiste Dreva intentando omitir el comentario - ¿podríamos hablar con un líder o un representante o algo?
- Podéis. En el pueblo está Feros, quinto de su nombre y si os desplazáis hasta Obbolattia, podréis hablar con Boros, actual rey de nuestra especie.

Los humanos se miran unos instantes.
- Creo que para el tema que deseamos tratar, deberíamos hablar con el rey Boros.
- Seguid el camino hacia el este. Nuestros explorador os seguirán y escoltarán como hacen desde hace varios miles de latidos.
- ¿Por qué nos siguen?
- Para protegeros frente a otros posibles desconocidos. Nadie asesina ni es asesinado en nuestras tierras.
- Muchas gracias por tu tiempo.
- Que la luz del Sol os guíe.

Cuando los humanos se alejan del pueblo, Albos pasea la vista alrededor en busca de los exploradores que teóricamente los siguen. No ve a nadie y se siente ligeramente frustrado. Mira el camino. Luego mira el Sol. Vuelve a mirar el camino y se ríe.
- ¿Qué pasa, Albos? - pregunta Dreva, mientras Daga lo mira con cara amarga.
- Nada, solo me planteaba lo irónico que resulta que el Sol viaje de este a oeste y nos deseen que nos guíe en el camino inverso.
Dreva y Daga lo miran. La primera sonríe muy ligeramente. La segunda comenta por lo bajo, como arrancando la carne a los huesos de la palabra:
- Magos...
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Desde Octubre nada. Para los que me habían pedido una continuación, aquí está. Sí, me doy cuenta de que ha perdido parte del ritmo y tal. Es lo que hay cuando uno no se acerca a la historia durante tanto tiempo, al menos cuando el proceso de creación es tan aleatorio como el mío. A ver si retomo el ritmo y hago algo de este simpático mago.