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domingo, 5 de abril de 2009

Sin título [8]

- ¡Ahh! ¿Qué... qué quieres? - preguntó con la voz transformada en un hilillo temblequeante.
- ¡He dicho que hables!
- Por favor, ¡no me mates!
- ¿Que no te mate, monstruo? ¿No entiendes lo que está pasando? Huiste la primera vez, pero ahora te he encontrado. Dime, ¿qué es lo que sabes?
- ¿Qué? Yo... no sé nada...
- La nota era tuya. "Lo sé", sí, sentí lo mismo al verte, el mismo escalofrío, la misma sensación de maldad encubierta, la misma aberración, el mismo crimen contra la naturaleza. Eres un monstruo. Lo sabes, lo sé. No me hagas perder más tiempo.
- Me llamo Eduardo Fonseca, soy de...
- No me gustan las mentiras...
- Me llamo Eduardo Fonseca, soy... normal, humano, yo...

El cuchillo se movió ligeramente, introduciéndose ligeramente en su piel, en el cuello. Un hilo de sangre empezó a recorrer lenta y perezosamente la superficie deslizándose hacia el pecho, hacia el otro cuchillo. El presunto Eduardo Fonseca empezaba a perder cierto color, las palabras le habían salido cada vez más torpes, con una voz cada vez más agónica y débil.

Javier le quitó el cuchillo del pecho, lo guardó en la bota y puso una mano sobre la herida, mientras la otra se mantenía firme con el cuchillo en su cuello.
- Si te mueves, el juego se termina. ¿Está claro?

El otro no respondió. Tampoco se movió. Bajo la mano de Javier que taponaba la herida, el herido sintió un extraño cosquilleo, como si decenas de hormigas correteasen por la herida.
- ¿Qué es eso? - preguntó con esfuerzo.
- No mires, mucha gente siente náuseas al hacerlo.
- ¿Qué coño...?
- Lo de "si te mueves" sigue en pie.
No hubo más movimientos, pese al cosquilleo, pese a los nervios. Solo miedo, sudor e indiferencia.

- Ahora no estás en peligro de muerte. Habla.
- Por Dios, no tengo armas... yo.
- No mentes a Dios en vano, él no tiene nada que ver en tu juego maldito, en tu creación. Tu eres un producto del caos, de la muerte. Eres una criatura del infierno y volverás a él. Y allí te encontrarás con los tuyos y tendrás el honor de decirles que te maté yo, y no un policía, un soldado o un sacerdote. Sabes quién soy, ¿verdad?
- Yo... no... bueno, yo... te vi hace... subiste conmigo en el ascensor. Yo no...

Con un duro golpe, Javier le dio un puñetazo en el vientre.
- ¿Sabes quién soy?
- No - el otro lloraba.
- No me voy a tragar tus juegos, engendro. Te mandaré a los fuegos que te dieron vida.
- Yo... yo soy... humano - la voz estaba entrecordaba por el dolor, el miedo y las lágrimas.
- ¿Te crees que soy imbécil? Uno de mis puñetazos debería haberte reventado todo lo que tuvieras debajo. No hay nada vivo en ti, solo la ilusión de la vida. Eres un monstruo, una carcasa vacía, eres una máquina de carne.
- Yo no... - lloraba - yo soy humano. Yo solo... quería una vida normal. Llegar, descansar... ver la tele. 
- ¿Cómo se llama tu madre?
- Helena.
- ¿Tu padre?
- Ismael.
- ¿Cuántos hermanos tienes?
- Dos. Miguel y David.
- ¿A qué se dedican?
- Miguel es periodista, David trabaja en una tienda de electrodomésticos.
- ¿A qué te dedicas tú?
- Soy diseñador de interiores.
- ¿Usas internet?
- Sí.
- ¿Para qué?
- Veo... las... tendencias e ideas en páginas de interiorismo.
- ¿Sólo?
- ¿Qué quiere decir con eso?
- Yo hago las preguntas, monstruo, responde o muere.
- No, yo... veo otras cosas.
- Sabes que lo sé. Dímelo.
- Yo veo... fotografías y vídeos porno.
- Sí, ¿verdad? Lo sé, he visto que tienes fotografías impresas en los cajones.
- Yo... yo nunca he hecho nada. Solo las veo y... ¡oh, Dios!
- ¡Dios no ayuda a los monstruos, hostia! Yo soy su puta solución a vuestro problema. Pf - resopló - a ver, ¿te suena Woodstock?
- Fue un espectáculo de música de los 60.
- ¿Te suena CSI?
- Sí, claro, es una serie de televisión sobre...
- ¿De quién es la banda sonora?
- ¿Eh? De... de... los who, ¿no?
- ¿Cuántas guerras mundiales ha habido?
- ¿Qué?
- Que respondas, joder, deja de replicar.
- Dos, hubo dos.
- ¿Ves algún telediario?
- Ehh... sí, a veces... en la sexta o en telecinco.
- ¿Qué piensas con las noticias de los muertos de hambre, de los asesinos, los violadores, los pro pena de muerte, los antiabortistas y los antianticonceptivos?
- No lo sé... no me gustan, yo...
- ¿Cómo se llama tu madre?
- Ya hemos hablado de eso.
- ¿Cómo se llama tu madre? - repitió impasible, indiferente.
- Helena.
- ¿Cómo se llama tu padre?
- Ismael.
- ¿Qué tal le va a Miguel en la tienda de electrodomésticos?
- No lo sé, llevo tiempo sin hablar con él de trabajo. No...
- Primer error - contestó introduciendo más el cuchillo, haciendo que el anterior hilillo de sangre anchease, bajando líquido, extenso y rojo por su cuello -, hoy no es un buen día para equivocarse. ¿No crees?