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martes, 31 de marzo de 2009

Sin título [6]

Abandonó el bar poco después y se dedicó a pasear e inspeccionar la zona, buscando callejuelas, lugares mal iluminados, y aparcamientos. Luego inspeccionó el edificio y barajó las posibles salidas que tendría desde él. Cuando se sintió conforme con lo averiguado volvió a casa a pasar la noche.

Al día siguiente, temprano, se levantó. Se duchó y lavó el pelo, se afeitó, escogió unos pantalones vaqueros azules, una camisa roja y una chaqueta larga negra, cambiando totalmente el vestuario del día anterior.. Cortó unas rebanadas de pan y se dirigió al portal que había espiado la tarde anterior mientras las iba comiendo. Se pasó todo el día por la zona, visitando los lugares del día anterior, repasándolos, tomando notas mentales sobre su disposición y su accesibilidad.

Varios minutos antes de la hora a la que el día anterior aquel hombre había llegado a su portal, Javier se paseó por la zona. Con cierta exactitud llegó el hombre y Javier se acercó con él al portal. El hombre no hizo gestos de reconocerlo, abrió la puerta, lo invitó a pasar y se dirigieron al ascensor.

- ¿A qué piso va? - preguntó Javier con voz inocente.
- Al tercero, gracias.
 
Ambos bajaron en el tercero. Javier observó hacia dónde iba y llamó a un timbre al azar. Con un poco de suerte no habrá nadie, pensó. Nadie contestó. Sonrió hacia el hombre con el que había subido.

- Joder, qué mala suerte...
- Llegan sobre las diez, generalmente - se encogió de hombros el otro.
- Oh, gracias, gracias.

El hombre entró en su casa, Javier salió del edificio y, dando un largo rodeo, comprobando si alguien lo seguía, volvió a su casa.

Mañana será el día. Esperemos que viva solo...