Google+

miércoles, 18 de marzo de 2009

Sin título [2]

Recién llegado a su casa, se miró al espejo. Las primeras arrugas empezaban a surcar su rostro, antaño afilado y terso. "Todo cambia, todo se viene abajo - pensó". Tosió, carraspeó y escupió por la ventana. Se sentó a la mesa y se columpió en la silla. Sacó un cigarrillo y se acercó el cenicero. El humo bajó cálido, suave y tranquilo por su garganta; calentó su pecho antes de salir caracoleando de su boca.

"¿Dónde coño se habrá metido?". Encendió el televisor y puso las noticias. Tal vez le diese la información que buscaba. Las noticias se sucedían, hablaban de robos, de desfalcos, de muertos, de violaciones...; pero no lo de que él buscaba. Un humano no distinguiría una noticia de verdad ni aunque ésta le diese una patada en los huevos. "Los humanos son ciegos y sordos al mundo real, viven en su ficción llena de sombras y de huecos que confían a dios y a la ciencia. Los humanos sufren la estupidez de creerse inteligentes, sufren la creencia de conocer la realidad".

Acabaron las noticias. Varias colillas nuevas poblaban el cenicero cuando apagó la última, concentrado en el brillo incandescente que surgía de las entrañas de la masa gris. Se levantó de la mesa y se dirigió a su habitación. Allí contempló el mapa que ocupaba gran parte de una de las paredes. Sacó un lápiz del bolsillo y comenzó a anotar cosas. Tosió de nuevo y se decidió a cambiarse la ropa empapada y meterse en cama. Tal vez al día siguiente tuviese más suerte. Tenía que estar preparado. Ahora. Mañana. Siempre.