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lunes, 9 de febrero de 2009

Nuestros inicios como Espada Negra

A partir de este punto, perdimos nuestros rostros. Íbamos con la cara cubierta en todo momento. Éramos sombras, siluetas ataviadas completamente de negro y con las armas exhibidas. Y así pasaron días hasta que alguien osó llamar a nuestra puerta. Por las calles ya habían empezado a correr los primeros rumores: había quien decía que éramos hijos del Mal, enviados a traer la oscuridad al mundo; quien decía que éramos brujos que hacían pactos con demonios y quien decía que éramos bestias que devoraban a sus víctimas. En aquel momento nos hacía cierta gracia pensar que alguien pudiera creer que exigiríamos su eterna alma como pago. A decir verdad, hoy aún me parece increíble.

 

El caso es que un día como otro cualquiera alguien llamó a la puerta dando pie a nuestras andanzas. Fue extraño. Era un hombre, bastante joven, algo mayor que nosotros pero más joven que Nacho. Era un siervo de la Venganza y su maestro había muerto asesinado, quería justo castigo y se ofrecía a sí mismo como pago. Éramos pocos y necesitábamos a más gente para cubrir huecos en nuestras especialidades. Y aceptamos. Fue nuestro primer trabajo, aquel día se decidían muchas cosas. Lo cierto es que esa noche dependimos mucho del pequeño Yoel. El muy cabrón sabía magia. Increíble. Nunca nos explicamos muy bien cómo, pero el crío, de repente, lanzó unas luces y ellos se cubrieron los ojos con las manos durante unos instantes, entre gritos. Y no hubo piedad. No podía haberla. Era lo que había que hacer. Y se hizo.

 

Así, un seguidor de la Venganza llamado Bergan Tsar se unió a nuestras filas y fue, durante un tiempo, nuestro curandero, pues en casi todos nuestros encargos alguno de nosotros acaba herido o magullado. Este hombre conocía gran número de plantas y sustancias y las administraba con mano hábil. Nunca pidió nada ni dio su deuda por saldada, nos acompañó hasta el final, aunque tuvo una muerte prematura y desdichada.

 

Así, con encargos varios entre artesanos que veían peligrar sus negocios a causa de la competencia, con mujeres traicionadas y demás, fuimos sobreviviendo durante unos meses. Todo Osmia había escuchado hablar de la Espada Negra para entonces, aunque muchos seguían creyendo que éramos demonios.

 

En este momento, Yoel iba a la escuela de magia de Osmia, un edificio antiguo donde las pocas personas capaces de utilizar las artes místicas se reunían a aprender, enseñar y practicar y todo nos iba a pedir de boca. Nos habíamos labrado un pequeño nombre e incluso participábamos en el Bajo Consejo de Osmia, junto a prostitutas, mendigos y asociaciones de dudosa reputación, como ladrones y asesinos.

 

En Osmia hay tres centros reguladores de poder. Las decisiones de los inferiores pasan a los superiores como un voto con un valor de un punto gremial. Estos centros son el Bajo Consejo, el Consejo y el Alto Consejo. En todos ellos la nobleza puede romper un desempate en votaciones como crean conveniente y de forma irrevocable salvo renuncia. No es que participar junto a los demás asesinos del Bajo Consejo fuese una gran posición pero, como decía Nacho, era una posición mejor que ninguna.

 

Y un día recibimos nuestro primer gran encargo. Una de las pequeñas familias nobles del norte de Omynd estaba siendo atacada por alguien, un enemigo desconocido que había matado a uno de los hijos mayores y había intentado matar a otro. No sabíamos a quién teníamos que dar caza, ni cómo hacerlo. Pero la recompensa era cuantiosa y con avidez nos dirigimos allí. Volveríamos triunfantes y con un nuevo miembro de la Espada Negra, nuestro cocinero y silencioso compañero Nash.