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jueves, 19 de febrero de 2009

En los tiempos que corren...

el racismo diferencia la ley.

Y no me parece bien.

Lo siento mucho.

Me explico:

Hoy, en las noticias de Tele5 (me coincidió, no es que vea demasiado la televisión), dieron la noticia de que van a juzgar al palurdo que pegó a una mujer ecuatoriana en el metro (o tren, no lo sé) de Barcelona (creo, ¡qué lleno de dudas estoy!) . Hasta aquí, bien. Merece ser condenado por dar de hostias a una persona. Totalmente de acuerdo.

Ahora bien, dicen que cumplirá tres años de prisión por violencia y agravante de racismo. Literalmente. Y me toca la moral pensar que si llega a pegar a una persona blanca española cumpliría menos condena. Me atrevo a sugerir más: que si pegase a un varón blanco español con edad comprendida entre los 18 y los 45 (utilicemos estos valores como los del varón adulto medio en España) tendría una condena menor.

Y aquí, disiento. Me parece una mierda, así de claro. La pena debería estar por la paliza y debería ser la misma pegase a quien pegase. ¿Si pegase a una mujer (bueno, que lo hizo...) merecería más condena? ¿Si pegase a un negro (si alguien se exalta/molesta por el término, por favor: fuera de mi blog) merecería más condena? La respuesta es "no". En ningún caso. ¿O sí? Personalmente creo que merecería más condena, efectivamente; pero que merecería más condena zurrase a quien zurrase. Las condenas en España me parecen leves en demasía, pero los agravantes de este tipo me parecen ridículos. ¿Agravante de premeditación? Bien. ¿De ensañamiento? Bien. Pero suponer que pegar a una persona de otra raza, sexo, religión o lo que sea, es peor que pegar a otra persona cualquiera, me parece un fracaso a nivel de justicia. Simple y llanamente.

Aunque, visto está, es la sociedad que tenemos. Y es triste.