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jueves, 22 de enero de 2009

La bioquímica

Lo cierto es que cuando uno se ve obligado a chapar un par de centenares de nombres, qué hacen, con quién lo hacen y para qué lo hacen, uno se pregunta la utilidad que puede tener ese conocimiento.

Ojo, no discuto que no sea útil o necesario para un licenciado en biología saber dónde se sintetiza la insulina, que se sintetiza como preproinsulina, que se corta por aquí y por allí y que cataliza tal y cual reacción. Bien. Vale. A ese punto de concreción lo veo correcto: unos conocimientos que se van a quedar en la cabeza y que, cuando lo necesitemos, podremos ampliar con obras sobre el tema tanto como gustemos en tanto que manejamos los conceptos y una idea general del tema.

Pero, personalmente, memorizar el nombre de todas las enzimas y de todos los compuestos intermedios me parece una chorrada. ¿Por qué? Porque, aunque es difícil de aprender, es posible que llegue al examen y por pura suerte los recuerde. Pero es totalmente imposible que los recuerde de aquí a dos meses. Así pues, la sensación que se me queda al estudiarlo es la de haber tirado horas y horas de mi vida preparando una serie de conocimientos que a casi cualquier nivel son inútiles.

Los procesos se recuerdan, las ideas se recuerdan... pero la chapatoria pura me parece un método obsoleto que debería quedar reducido a los que se chapan el Corán o pasajes del Nuevo Testamento para aprendérselo frase por frase.